El clamor de las bases

El Mundo. 6-5-16

Izquierda Unida ha dado a conocer los resultados de su consulta a las bases sobre su alianza con Podemos. Alberto Garzón, pedazo de líder, ha preguntado a los suyos: «¿Apruebas una coalición electoral con Podemos y otras fuerzas de cara a las elecciones del 26 de junio?».

Esto es lo que en la nueva (ma non troppo) política se llama transparencia. No han votado el programa aún no pactado entre los dos partidos, ni siquiera un bosquejo o cañamazo argumental del mismo. Sólo se les pregunta si están de acuerdo con lo que decida el mando, y la respuesta, como es obvio, es afirmativa. ¿Qué es fe? Creer lo que no vimos. Y lo que no entendimos, podríamos añadir.

Confieso que al leer los resultados me llevé una sorpresa: síes, 84,5%; noes, 13,1%, y abstenciones, 2,4%. Impresionante, dije para mí. Una consulta popular en la que vota el 97,6% del censo es lo que siempre se ha considerado un referéndum a la búlgara. Ni los referendos que organizaba Franco para aprobar las leyes del Movimiento despertaban tanto ardor participativo entre el buen pueblo español.

Luego resultó que no, que sólo había respondido el 28% de los consultados. O sea, que la abstención real había sido del 72%. Todo referéndum es una opción binaria, lo que no es verso es prosa, esto lo aprendió monsieur Jourdain en el siglo XVII. Al parecer, en Izquierda Unida tienen tres papeletas. Una dice sí, la segunda no y la tercera abstención. Total que la decisión estratégica de concurrir juntos a las elecciones sólo es apoyada por uno de cada cuatro afiliados.

Hace 10 meses Iglesias calificaba a Garzón de «el típico izquierdista tristón, aburrido y amargado», pero eso era el anuncio de una alianza estrecha, lo mismo que cuando llamó tooonto y subnormal a Carmona, que poco después regaló a los populistas el Ayuntamiento de Madrid. Hay gente a la que le va mucho la marcha.

A uno le parece que Garzón, políticamente hablando, es un buen chico, pero en lo intelectual es manifiestamente mejorable. Gracias a él he aprendido a descubrir valores que antes ni sospechaba en Llamazares, como gracias a éste descubrí la talla política que había tenido Paco Frutos. Uno mismo recuerda haber escrito que Pedro Sánchez era la mejor de las opciones para el PSOE. Visto lo visto cada vez que pienso en Madina ahora me enternezco. Nuestra vida política se ha llenado de gente como aquel banderillero de Belmonte, que llegó a gobernador civil degenerando, degenerando.

Gracias a la transparencia no sabremos qué han pactado en términos de listas. Tampoco en la deuda de IU. Tendrán que esperar a ver si tocan pelo y los bancos se la condonan, como La Caixa aquellos seis millones a Montilla. Pablo negó ayer en lo de Herrera que negocien eso. Pero también negó haber recibido dinero de Venezuela y de Irán «hasta donde él sabe». De momento sus planes están claros: va a engullir a Garzón para después ocuparse de Sánchez, su vicepresidente. Si se porta bien, claro.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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