La juez Vicky

El Mundo. 13-5-16

Tengo alguna vez escrito o quizá sólo pensado que en el juego parlamentario durante esta malograda legislatura cabría llamar al presidente en funciones don Mariano y a los líderes alternativos la liga de los sin bata: Pedro, Pablo, Albert y Alberto.

Lo he recordado al leer las novedades de la ex diputada canaria Victoria Rosell, una más en el parvulario, que se hace llamar Vicky por los suyos, con eso se lo digo todo.

Viene a resultar que el caso en el que el Tribunal Supremo había admitido a trámite una querella contra ella por prevaricación, cohecho y retardo malicioso en la tramitación de un procedimiento, ha conocido un giro de interés al divulgarse una supuesta grabación en la que el juez que la sustituyó al frente de su juzgado en Canarias acuerda con el empresario Ramírez los términos de la declaración que el citado empresario prestó después contra Vicky Rosell. Una grabación en la que el juez muestra una proximidad y un colegueo absolutamente impropios.

Son los efectos perversos de los trials. Siempre hay un ayudante del fiscal ofreciendo liberar de culpa a un procesado a cambio de un testimonio que crucifique a sus cómplices.

Hay una diferencia. Jamás el fiscal incurriría en una terminología que revelara complici- dad con el tipo a quien ofrece un trato. Pero contrariamente a lo que sostiene Posemos por boca de un tal Mayoral, nada nos dice de la inocencia de Vicky: (las grabaciones) «no vienen más que a confirmar lo que ya sabíamos, que Rosell es una persona de total confianza». Craso error.

La grabación, caso de confirmarse como auténtica, arrojaría una duda sobre la actuación del juez Santiago Alba, que deberá examinar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y adoptar las disposiciones que procedan.

Sin embargo, nada dice la conversación a favor de una juez que no se inhibe en un procedimiento contra un empresario que tiene relaciones comerciales con su novio (de la juez, no del empresario), a quien compra una emisora por 300.000 euros, precio superior a su valor de mercado, según los expertos. Resultando que nuestra heroína va y retiene un pen drive con información relevante durante un periodo de 22 meses, siguiendo la estela de Baltasar Garzón, que era un virtuoso en el manejo del cajón de los sumarios dormidos, recuérdense los casos GAL y Faisán. Y el ca- so de las cesiones de crédito del Banco Santander, que archivó después de que Emilio Botín, querido Emilio, financiara unos cursos que el juez organizó en la Universidad de Nueva York.

Esto respecto a actividades que podrían incurrir en supuestos delictivos, pero a saber lo que entiende este Mayoral por «persona de total confianza».

Los creadores del concepto de la casta no deberían considerar de confianza a una juez que está en YouTube montando bronca al personal de AENA por decir que en tanto que diputada del Congreso no tenía derecho al uso de la sala VIP, al igual que sus 349 compañeros de Hemiciclo, y llamando «godo» a un guardia civil que en el uso estricto de las medidas de seguridad aeroportuarias la requirió para que le enseñara su documentación y sacara el ordenador portátil del bolso.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.