Témporas y mores (I)

El Mundo. 16-5-16

Recordarán los más memoriones del lugar que Felipe González anunció en sus buenos tiempos de los 202 escaños que iba a someter la gestión de UCD a «auditorías de infarto», amenaza en la que se regodeaba Alfonso Guerra, mientras motejaba a Adolfo Suárez de «tahúr del Missisipi con chaleco floreado».

El gran Paco Umbral escribió en la última de este periódico que aquello de las auditorías fue el «se sienten, coño» de Tejero, perpetrado por un devoto de Mahler. Guerra llamó a Suárez «perfecto inculto procedente de las cloacas del franquismo», lo acusó de «regentar la Moncloa como una güisquería» y dijo que quería «asaltar el Congreso subido en el caballo de Pavía». Ni Pavía entró en el Congreso a caballo, ni Suárez necesitaba esa metáfora del golpe. Ya había entrado dos veces empujado por el voto de los ciudadanos (1977 y 1979). Y ahora va el joven Sánchez y en lugar de declararse heredero de aquel dúo sevillano al que Julio Cerón llamaba «el par director» se equipara con Suárez: «puedo prometer y prometo decencia, diálogo y dedicación». También se ha declarado heredero del Barça, quizá por influencia del par Collboni-Colau, aunque no se ha atrevido a vestirlos de blaugrana.

El joven Sánchez demuestra aquí su modestia, pero no descartemos que para el comienzo de la campaña nos guarde su I have a dream y que aprovechando la numerosa presencia de alemanes en la costa mediterránea, tenga preparado su «soy berlinés» (Ich bin ein Berliner) como Kennedy en el 62.

Coincidiendo con el declinar de las auditorías, que dejaron los infartos en una leve arritmia, estalló el caso Flick. Un empresario alemán así llamado sobornó a la práctica totalidad de los partidos del Bundestag. Luego, el SPD financió al PSOE con un millón de marcos a través de la Fundación Ebert. A mí me cupo, y me cabe, una duda a favor del PSOE. ¿Sabían sus dirigentes que eran fondos procedentes de un asunto de corrupción? Puede que no, pondré un ejemplo: el airado portavoz de Posemos en el Senado, Ramón Espinar junior, tiene derecho a la presunción de inocencia ante el hecho, más que probable, de que sus regalos al cumplir los 16, una bici, unas vacaciones familiares, qué sé yo, fueran pagados por Espinar senior con su tarjeta black.

Lo que son las cosas, en 1984 se creó una comisión de investigación en el Congreso. Fraga mandó contra González a su secretario general, un cachorro cuyo aspecto le habría hecho superar con éxito un cásting para hacer de oficial de las SS en Holocausto. O quizá para hacer de Strelnikov en Doctor Zhivago. En su respuesta parlamentaria, Felipe acuñó una frase llamada a hacer fortuna: «Señor Verstrynge… He sido absolutamente claro: no he recibido ni un marco alemán. Ni de Flick, ni de Flock».

Y ahora, casi 32 años después venimos a enterarnos por testigo autorizado de que el propio Verstrynge, junto a Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, recibieron siete millones de euros librados por Chávez a favor de la Fundación Ceps para favorecer la creación de un partido chavista en España. Así lo ha declarado ante la Udef en el Consulado de España en Nueva York el que fue ministro de Finanzas de Chávez, Rafael Isea.

Él dio a firmar al líder bolivariano la orden de pago e identificó la firma sin ningún género de dudas. Flick y Ceps son dos casos de financiación extranjera, pero hay una diferencia: la pasta de la socialdemocracia alemana era para apoyar y consolidar la transición española, un impulso democrático. La subvención bolivariana era justo para lo contrario. (Continuará, ya lo verán).

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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