Venezuela en el corazón

El Mundo, 27-5-16

Albert Rivera ha sacado partido a su viaje a Venezuela, lo que no acaba de parecerle bien a Pablo Iglesias y no sé bien por qué. El líder de Posemos ha hecho alardes publicitarios de sus entrevistas con el Rey, de sus paseos con el pobre Sánchez, de su morreo con Domènech en el Hemiciclo, del niño de la Bescansa a quien se pasaban de mano en mano en la bancada podemita, de sus insultos a Garzón, de su pacto con Garzón, de sus viajes a Grecia para apoyar a Txipras–aguanta Alexis, que ya llegamos–, de Irán.

Y de Venezuela, claro. Antes de que Rivera hubiera citado el nombre de ese país en público, Iglesias, Errejón, Monedero y Bescansa eran recibidos como asesores de Hugo Chávez y se paseaban por Miraflores como por los pasillos de la Complu. Hay decenas de vídeos de los citados haciendo panegíricos del patrocinador: «Me ha emocionado ver al comandante Chávez, se le echa mucho de menos», «Chávez vivo era peligroso, muerto es invencible», el Orinoco que le fluía de los ojos a Monedero. Natural, todo artista llora a su mecenas. Así debieron de sentirse Botticelli, Leonardo y Miguel Ángel cuando se les murió Lorenzo el Magnífico. Salvando las distancias, claro, que son mayores que lo que va de aquí a Caracas.

Chávez dio a los citados patronos de la CEPS más de siete millones de euros para que hicieran lo que finalmente hicieron: crear una fuerza bolivariana en España. Durante el viaje de Rivera hemos sabido que el Parlamento quiere tomar declaración a los dirigentes de Podemos para que den cuenta del dinero recibido.

Pablo ha dicho que nanay, que santa Rita, Rita (Maestre, no Barberá, ojo). En parte le asiste la razón y en parte no. Los representantes de la ciudadanía venezolana tienen derecho a saber si la revolución bolivariana dilapidó el dinero público, dándole a Monedero 425.100 euros por un proyecto para el que no estaba capacitado, un suponer (y exigirle que presente el trabajo), mientras en sus supermercados escaseaba hasta el papel confort.

Los dirigentes de Podemos tienen derecho a pedir asilo político en el país en que nacieron, aunque hayan construido su partido con las carencias básicas del pueblo venezolano, que hace colas porque, según Errejón, le sobra el dinero y sólo piensa en gastárselo.

El caso es que Rivera ha puesto a Venezuela en el centro de la campaña del 26-J. Rajoy va a reunir al Consejo de Seguridad Nacional. Lástima que el PSOE tenga el alma dividida. Zapatero se apunta a mediar cuando el Gobierno en funciones había retirado al embajador en Caracas. Es una especialidad. Ya había hecho lo mismo en Marruecos cuando gobernaba Aznar. Felipe González fue a Caracas para defender a Leopoldo López. El chavismo lo declaró persona non grata, se volvió y nunca más se supo.

Yo creo que Iglesias debería ir voluntariamente a Caracas. Allí probablemente sí es delito lo que aquí no y aquí sería de mucho interés conocer su asesoría con detalle, compararla con los resultados: en seguridad, en regeneración de la vida política, en economía. Por saber qué podemos esperar aquí cuando gobiernen ellos.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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