Ese santo temor

El Mundo, 15-7-16

La primera ronda de conversaciones ha terminado como se esperaba, sin un resultado que ayude a la gobernabilidad de España. El candidato más votado se ha empeñado en el asunto con ganas. Nadie podrá decir que Rajoy ha enfocado el asunto con desidia y Marca, tal como le acusa la competencia. Más bien al contrario, uno no llega a entender la razón por la que el candidato popular ha incluido en su agenda entrevistas con los Rufianes de Esquerra, con Pablo Iglesias y con el PNV.

Con los dos primeros por ser tiempo perdido: no había una posibilidad entre mil de que llegaran a un acuerdo de mínimos. Con el tercero, por ser un problema de calendario. No es que el PNV no esté dispuesto a apoyar al PP, no sería la primera vez, pero nunca antes de las elecciones autonómicas de otoño y para cuando éstas hayan pasado, la oportunidad de votar la investidura de Mariano será pasado, salvo que se reserven para las elecciones de noviembre.

Sería justo reconocer que Rajoy se está tomando más empeño en negociar del que le aconsejarían el sentido productivo y el cálculo de probabilidades. Y tó pá ná. Los dos que restan, el PSOE y Ciudadanos, tampoco le permitían albergar mucha esperanza, pero estaba obligado. Sus entrevistas con Sánchez y Rivera eran obligadas, aunque ya supiera que Albert le iba a decir que no para abstenerse en última instancia y que Pedro le iba a decir que no con la esperanza de poder volver a decirle que no la segunda vez.

Albert Rivera considera que lo suyo es una estrategia para hacer presión a los socialistas con el fin de que se abstengan y permitan la investidura de Mariano, que consideran menos indeseable que las elecciones de noviembre. La estrategia parece más bien inane. Nada de lo que hagan los 32 diputados de C’s afecta lo más mínimo al resultado final. Si votan sí a Mariano y hace lo propio la amable Oramas, el PP necesitará que al menos once diputados socialistas se abstengan o hagan novillos, para que Rajoy pueda investirse con 170 votos frente a los 169 escaños que sumarían todos los demás. Si los 32 se abstienen, tal como ha anunciado Rivera, el PSOE tendría que mandar abstenerse a 43 diputados.

Supongamos ahora que la cosa se encabrona en las huestes ciudadanas y decidieran votar que no en segunda instancia, igual que en la primera. El PSOE tendría que abstener a 75 de los suyos, dejando a Pedro y nueve de los suyos inconmovibles en el no al PP. Haga lo que haga Ciudadanos, los socialistas estarían obligados a repartirse entre rechazos y abstenciones, a la manera de los batasunos para aprobar los presupuestos a Ibarretxe en los tiempos del famoso plan que llevaba su nombre, qué ocurrencia.

No sé si el inspirador de la estrategia ciudadana es Garicano, pero Rivera ha iniciado el declive de su partido. Si da igual lo que haga, ¿por qué no votar sí y entrar? No querrá que lo tomen por facha, santo temor muy comprensible en la España de hoy: también le embarga al PP, pienso cada vez que oigo a la presidenta de la Comunidad de Madrid.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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