España quiere a Pedro Sánchez

El Mundo, 1-6-16

A Pedro Sánchez le pasa como a Katharine Hepburn en La fiera de mi niña: es imposible entender nada mientras sea él quien lo explique. Sus argumentos son una mezcla de eslóganes, tópicos coloquiales, recetas de la abuela e invocaciones de santería, cuya mixtura es difícilmente contrastable con la realidad.

Ayer, en su comparecencia en EL MUNDO sostuvo la idea de que su partido va a mejorar y, quizá, ganar las elecciones del 26-J contra lo que manifiestan los sondeos: «Los españoles quieren más al PSOE que las encuestas demoscópicas». Así lo han venido demostrando los resultados de las dos últimas elecciones: en las de 2011 perdió 15 escaños respecto al mínimo histórico alcanzado en 2000 por Joaquín Almunia.

Cuatro años después, frente al descalabro del Gobierno de Rajoy, que perdió ¡63 escaños en una legislatura!, el principal partido de la oposición, no es que no fuera capaz de recoger uno solo, sino que perdió 20 más. No cuestiono ninguna de las amables tonterías con que el socialismo ha adormecido a los más crédulos de sus hijos durante las últimas décadas: que el PSOE es el partido que más se parece a España y la reformulación de la misma idea que hacía ayer el joven Sánchez. No negaré yo que los españoles (y las españolas, claro) quieran un huevo al Partido Socialista. Lo que pasa es que no le votan.

Todos los sondeos le pronostican otra pérdida de escaños para el día 26, y lo que es peor, apuntan a la posibilidad del sorpasso, ya sea en votos, ya en escaños.

«Si tengo mayoría no vetaré a ninguna fuerza política del cambio». Lo que quiere decir es que no se opondrá a ningún partido cuyos escaños puedan hacerle presidente del Gobierno. Este sigue siendo el quid de la cuestión. Atiendan a las dos condiciones: «Si tengo mayoría» y «ninguna fuerza del cambio». La primera restricción excluye apoyar a Podemos, si le desplaza en el liderazgo de la izquierda. La segunda excluye la gran coalición, no por la vaina del cambio, sino porque el PP nunca apoyará a quien quede por detrás para presidente. Lo de los socialistas vascos con el PNV en el 86 no es de aplicación universal.

Pareció que algo habían aprendido los socialistas del fiasco de estos seis meses. Jordi Sevilla negó tajantemente hace 15 días a Carlos Herrera que fueran a pactar con Posemos, «sean cuales sean los resultados del 26-J», que si fuera esa su intención ya lo habrían hecho el 4 de marzo. Era la oratoria de Tania ‘Vaciamadrid’, ex primera dama de los círculos: «No, punto, no vamos a pactar con Podemos, punto, ¿quiere que se lo diga otra vez?».

Que haya sido mi admirado Pepe Borrell quien ha desmentido a Sevilla ante el mismo Herrera, diciendo que está más cerca de nuestros bolivarianos que del PP, muestra hasta qué punto se ha envilecido esta basca, que ya sólo aspira a tocar poder, no importa para qué, no importa con quién. No sólo el PSOE es el partido que más se parece a España, desgraciadamente para los dos términos de la comparación. El joven Sánchez es el dirigente que más se parece al PSOE. También desgraciadamente.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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