Felipe o las Francinas

El Mundo, 8-7-16

El artículo de Felipe González ayer en El País vino a revolver las aguas socialistas. La ortodoxia de Ferraz se defendió con las tonterías de rigor: todas las opiniones son respetables, y la de Felipe es especialmente bienvenida en la familia socialista, pero etc. La señal para distinguir a los más tontos es su mayor grado de relativización.

Hace ya unos meses, me van a perdonar la vanidad de la autocita, uno escribió en estas páginas un supuesto heroico: si el joven Sánchez fuera listo habría cambiado el «no es no, ¿qué parte del no no ha entendido?» por un quizá: negociar la abstención de los socialistas a la investidura de Rajoy, para ejercer la oposición en términos inequívocos: «Sólo vas a aprobar aquello que yo te autorice». No pudo ser y Pedro se empeñó en optar a la Presidencia con 90 escaños. Además de no poder ser, resultó imposible, y el bloqueo llevó a lo que conocemos: el frente antimariano perdió 15 escaños (1.743.394 votos) y el PP ganó 14 diputados y 667.726 votos.

Desde la noche del 26 de junio, los aspirantes han venido incurriendo en los mismos errores conceptuales, pese a que el mandato de las urnas era más claro que hace seis meses. Creer que los ciudadanos les habían dado un encargo a todos ellos para echar a Rajoy de La Moncloa fue un error.

La opción menos peligrosa, no hay ninguna buena, sería la gran coalición de los tres partidos constitucionalistas, si es que al PSOE pudiera aplicársele el calificativo en todas sus organizaciones federales. Se entienden las razones, Pablo acecha, pero son estrictamente partidarias. Un pacto tripartito daría lugar a una coalición de 254 escaños con más en común, y más importante, que lo que tiene el PSOE con esa turbamulta del Gobierno alternativo que tanto gusta a Francina Armengol, Iceta y las trillizas de oro del periodismo español: Ferreras, Javi Ruiz e Iñaki López, la seis y la cuatro, la cara de su retrato.

Sería una mayoría partidaria de la unidad constitucional de España, salvo los insospechados jamacucos que pudieran darle al pobre Iceta. El pundonoroso Ferreras insistía ayer: Sánchez con Pablo Iglesias, más algunos catalanes, otros vascos, los canarios y 10 abstenciones sumarían 171 escaños, que dejarían en minoría a los 169 de Rajoy y Rivera.

En el PSOE rechazan todos la gran coalición, desde el más razonable barón hasta esas lumbreras mediterráneas forjadas políticamente en alianzas mallorquinas multipartidistas. Seguramente a ella le parecían regeneradoras, pero en todas estaba Maria Antònia Munar, tan corrupta y con escaso disimulo. ¿Alguien había pensado de verdad que el PNV iba a pactar antes de las autonómicas? Será después y lo cobrará caro.

Tampoco se entiende la idea de los socialistas de negar para abstenerse a última hora y evitar unas elecciones que serían letales para ellos. Si el PSOE quiere salir de ésta debería empezar por lo urgente: ajustar cuentas al torpe y sumirse en la meditación.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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