Lo anunciaba ‘La Internacional’

El Mundo, 20-6-16

Entrevistado la semana pasada en lo de Herrera, Pablo Iglesias abjuró del «yo soy comunista» tantas veces y tan enfáticamente proclamado: «Ciertas ideologías están muy bien para debates de doctorado, pero cuando uno tiene que gobernar un país de la Unión Europea, puede elegir todo lo más una política socialdemócrata […] Es así».

Puede asombrar a los no iniciados que Pablo Iglesias haya elegido como socio a Alberto Garzón, una criatura que piensa, y tal vez de buena fe, que el comunismo se está volviendo a poner de moda, pero esa es precisamente la expresión de su amor a la dialéctica marxista. ¿O no era eso la unidad de los contrarios?

Antítesis y síntesis, he ahí la cuestión. Eugène Pottier, autor de la letra de La Internacional, era uno de aquellos revolucionarios que intentaron asaltar los cielos en la Comuna de París, según frase bastante mejorable de Marx en una carta a su amigo Kugelmann, que después inspiró las memorias de Irene Falcón, el título del soberbio documental que José Luis López Linares hizo con Javier Rioyo sobre aquel comunista catalán que asesinó a Trotsky y también la proclama de Pablo, que apenas elegido secretario general hace año y medio, se ciscaba en Gramsci y su guerra de posiciones para ir a la guerra de movimientos, a la insurgencia de toda la vida.

El 1 de mayo de 1907, el gran Julio Camba publicó en España Nueva un artículo en el que ponderaba una propuesta de Pío Baroja en su tertulia del Café Oriental: escribir una letra española para La Internacional. Se quejaba Camba de que las masas obreras apenas tenían cantos épicos: «Aquél que les dé una canción, aquél que logre cristalizar sus sentimientos en una estrofa, las unirá mucho más que si les diera un programa». ¿Cómo iba a suponer el pobre Camba que las masas obreras a lo que de verdad estaban esperando era a que unos chiquilicuatros les dieran un catálogo de Ikea y que habrían que esperar más de un siglo para eso? En 1907 faltaban más de 20 años para que naciera Baudrillard o sea que Camba no podía saber que su esfuerzo por dar a las masas sentido era una operación melancólica, porque las masas, lo que quieren desde siempre es espectáculo, como formuló el filósofo y sociólogo francés.

El caso es que Pottier era un comunista de su tiempo, lo que Pablo habría considerado un socialdemócrata, pero seguramente al escribir la letra de La Internacional quiso contar las cosas en metáfora, que jamás se le habría ocurrido imaginar a la izquierda española mandada por esa pareja de baile que forman Pablo Iglesias y ¡peor todavía! Alberto Garzón, que no eran una profecía estricta aquellos dos versos de su canto épico que decían: «El mundo va a cambiar de base / los nada de hoy todo han de ser». Y sin embargo ahí tienen a esta pareja feliz a una semana de robar los derechos de primogenitura de la izquierda (e incluso el guiso de cabrito) a esa otra pareja fantástica que forman Sánchez y Luena.

No estuvo profético hasta el final, recuerden los dos últimos versos de su canto épico: «No más deberes sin derechos / ningún derecho sin deber». Evidentemente, un hombre que escribe esas palabras no podía imaginarse a los partidos animalistas en general, a los activistas antitaurinos en particular, a Pablo Iglesias dando lo mejor de sí mismo en un programa electoral con escolares, a las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos, a esos clubes de progenitores de tipo A y tipo B, en santa cruzada contra un sistema educativo que criminaliza a sus hijos con la ominosa carga de los deberes escolares.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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