Los músicos de Bremen

El Mundo, 17-6-16

La cosa estaba ya clara desde el debate que los cuatro músicos de Bremen mantuvieron el lunes en la tele. Había entre Sánchez y Rivera una añoranza de la vieja alternativa que impulsaron cuando Rajoy declinó la invitación del Rey, la candidatura de Sánchez y los 131 escaños que apoyaron su intentona. Ambos la evocaron y dieron en considerar que el rechazo del PP y Podemos era un frente y no una coincidencia.

Albert Rivera rizó el rizo al exponer como extravagante prueba de la conspiración «entre los extremos» el momento en que ‘Irene Krupskaia’ subió al coche del popular José Luis Ayllón (incluso con el error Moragas). Sin necesidad de apuntar la presunción heroica de un lance amoroso, como el gran David Gistau, Rivera debió preferir la hipótesis de: con lo tarde que es y la prisa que tengo, pues ya te llevo yo, a su conclusión paranoica de ver ahí la prueba de la pinza, salvo que las reuniones clandestinas se hagan ahora a la vista de Dios Padre.

Jordi Sevilla propuso que para evitar nuevas elecciones se deje gobernar «al candidato que consiga el mayor apoyo parlamentario». No confundir con el candidato que tenga más escaños. Una cosa son los diputados que tienes y otra los que puedas conseguir, ojo a la sinonimia. Que sea presidente el más votado es una propuesta oportunista de Rajoy que no tiene que ver con lo que la Constitución dispone en su artículo 99 para la investidura. Pablo comete el mismo yerro al creer que lo que cuenta en su pelea con Pedro por la segunda plaza es el número de votos, no de escaños, corrigiendo de facto la Loreg.

Albert se cree autorizado, no ya a la lógica negociación de exigencias programáticas, sino a vetar a un candidato e imponer un sistema organizativo, las primarias, que él no siempre respeta. Ayer se mostró tajante: de ninguna manera apoyará al PP si no descabeza a Rajoy. Se ha traído de la política catalana las mañas de la CUP contra el desdichado Mas.

A uno le parece improbable que el PP acepte la indignidad de dejarse vetar el jefe por el cuarto partido del Congreso, (todavía no es JxS), aunque no soy profeta. La única opción que se permite el joven Rivera desde ayer es la reedición del pacto de los 131 sin Oramas.

Hay problemas. Para empezar, el sondeo del CIS permite suponer que la suma de los dos quede por debajo del PP. Para seguir, supongamos que Rajoy acepta el encargo. No consigue la mayoría absoluta en el primer intento y tampoco la relativa en el segundo porque le votan en contra U-P, el PSOE, C’s y otros. Pedro luce los votos de Albert como si fuesen suyos, pero sólo hay un candidato cada vez. Rechazado Rajoy, ¿con qué argumento pedirán Sánchez y Rivera la abstención al PP para que pueda investirse Sánchez? ¿Con la razón apodíctica del cambio, quizá?

¿Pueden el tercero y el cuarto presentarse al Rey con un acuerdo previo? Podrían, si no fuera porque al joven Sánchez lo van a rebautizar como Raskayú la noche del 26, si se cumplen las encuestas, salvo que el PSOE aplace aún más su refundación y proceda a la implosión.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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