Qué entendemos por bloqueo

El Mundo, 22-6-16

Está Rajoy en un plan activista que desmiente con rotundidad la leyenda de hamaca y plasma que le han encasquetado durante los años precedentes. Lo suyo en esta campaña más que activismo parece el baile de San Vito. Comparen ustedes el número de mítines que ha protagonizado con los de Iglesias y ya me dirán.

Ayer fue en Barcelona, donde se hizo una pregunta, que no por retórica tiene menos interés: «¿Por qué me tengo que ir y todos los demás se tienen que quedar?». Tiene su razón. ¿Por qué se tiene que ir? Porque los otros tres han definido un cordón sanitario en torno a él. Su legislatura en La Moncloa tiene luces y sombras, pero no veo entre ellos a ninguno que pueda mejorar las tasas de crecimiento y paro que él recibió por las actuales. Es verdad que la deuda ha alcanzado al PIB, pero imaginen un Gobierno presidido por Pedro o Pablo. Eso por no hablar de la prima de riesgo.

Por la corrupción, dicen los otros tres, uno de los cuales vio cómo el pasado día 1 eran procesados los dos últimos presidentes del PSOE y de la Junta de Andalucía. Otro, el llamado a ser número dos, fue financiado en sus orígenes por un caudillo venezolano cuyo heredero encarcela arbitrariamente a sus opositores. En Podemos practicaban la corruptela y el nepotismo antes de tocar pelo: la beca de Errejón, la televisión y el móvil de la república islamista.

Albert Rivera es mucho más limpio, dónde va a parar, pero apoya en Andalucía al PSOE de los ERE y la formación. Cierto que pidió las cabezas de Chaves y Griñán cuando fueron imputados, pero asistió al descabalgamiento de la juez Alaya sin pestañear siquiera. Pudo ser razonable su acusación a Rajoy de no ser un campeón fiable en la lucha contra la corrupción por los casos que se han desarrollado en su partido, pero no que lo acuse de cohecho apoyándose en el testimonio de Bárcenas. Debería aprender a distinguir la responsabilidad penal de la política. La semana pasada exculpó a su candidata de Pontevedra por aparcar con tarjeta de discapacitado ajena: «Los españoles juzgarán en las urnas cómo es cada candidato», aunque con Rajoy se ha adelantado. Lo ha juzgado y condenado él. No hay hasta el momento asomo de responsabilidad penal, ningún juez lo ha investigado ni lo ha llamado a declarar.

Pedro quiere ser presidente. Admite que será el tercero, pero aún con la llave de la gobernabilidad, impedirá la investidura del primero, que le saca en las encuestas 43 escaños de ventaja, y la del segundo, que le saca cuatro. Con el cuarto no llega a sumar tantos diputados como el primero. Y C’s, a casi 90 escaños del PP, pone el veto a Rajoy y a los suyos y se permite recomendar candidatos alternativos al partido que va a ser con seguridad el más votado. Ellos y sus socios bajan y los bloqueadores suben. No es ya una falta de respeto al candidato popular, sino a los millones de españoles (y españolas, por supuesto) que el domingo lleven a las urnas millones de votos a una lista encabezada por este hombre, salvo que Rivera conozca mejor sus verdaderos deseos que ellos mismos. ¿Qué es bloqueo me preguntas?

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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