Un debate neutro

El Mundo, 15-6-16

No imagino a un solo indeciso convencido por el debate a cuatro. Rajoy lo llevó preparado, soslayó bastante bien la coalición sectorial de los otros tres y acertó en su autorretrato de maestro de guardería: «Aquí no se viene a hacer prácticas; se llega ya aprendido». El otro candidato que mejoró sus expectativas previas fue Albert Rivera, que a priori salía como cuarto, pero que se creció e irrumpió con brío en el debate, sacudiendo a derecha e izquierda. Podría haber sido el ganador, si no fuera por lo pastueño que se mostró ante Sánchez, como si aún fuese rehén del acuerdo de los 131 escaños, sin tener en cuenta que aquello fue en otra legislatura, que fue derrotado en el Congreso por dos veces y que ni siquiera tienen ya el débil soporte de Ana Oramas.

Pedro Sánchez lo tenía muy difícil para remontar la caída que le pronostican todas las encuestas, pero tampoco hizo méritos. Abusó de la coalición del no entre Rajoy e Iglesias en oposición al cambio que él encarnaba, mientras Pablo le fraseaba tiernamente: «Te equivocas de adversario, Pedro».

Iglesias perdió vuelo casi desde el principio. Confundió su papel de candidato con el de tertuliano, ya desde el atuendo. No tuvo en cuenta que un candidato a presidente está obligado a hacer semblante. La camisa blanca (de su esperanza) remangada no valía para el momento. Sólo le faltaba una rodea colgada del cinto para componer la imagen de un camarero de chiringuito. Él, que había descolocado a Pedro vistiendo smoking para la noche de los cómicos y que en el mismo día había lucido camisa Alcampo para ver al Rey y por la tarde se calzó corbata para un mitin de partido.

Con todo, lo peor fue lo conceptual. Pablo sólo ganó el debate en opinión de sus tuiteros y para la encuesta de La Sexta, en la que seguramente la población muestral la integraban Antonio Ferreras e Iñaki López.

Fue impresionante su afirmación de que el PP había aumentado los millonarios en España en un 40%. Ahí también falló Rajoy por insuficiencia expresiva. Tras oír eso debería haber alzado los brazos y recorrer el plató como Ali el ring después de tumbar a Liston. No cabe mayor homenaje a la política económica de un adversario, ni confesión más acabada de la enemistad de la izquierda con los ricos, a los que Pedro, en un despiste antológico para un socialdemócrata llamó «los votantes del señor Rajoy». Cualquier alumno de 1º de Economía podría aclararle a Pablo que su plan para aumentar la recaudación subiendo los impuestos ¡al 2% de los españoles! bajándoselos al 98% restante es una estupidez cósmica. No hay masa crítica, es triste, pero es así la vida.

Un mérito sí tuvo. En un debate que arrojó dudas preocupantes sobre la posibilidad de que estos cuatro candidatos sean capaces de tejer un acuerdo que nos evite las terceras elecciones, él fue el único que planteó una alianza posible al PSOE: «Si tú ganas te hago presidente; si gano yo me votas a mí». Esta última opción requiere una condición adicional: que Pedro Sánchez llegue vivo a la mañana del día 27.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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