Mas y el mus

Tras el canto resignado de la vicepresidenta Ortega para decir que si no puede hacerse la consulta el 9 habrá otras fechas, (hay más días que butifarras) ha bastado una tos de Junqueras, qué digo de Junqueras, ¡de Marta Rovira! para que Mas module y diga que él no tiene un plan B, ni un plan C, que su único plan es la consulta. No parece expresión de un estratega. Así, de memoria, sólo se me ocurre un precedente histórico, dicho sea sin ánimo de ofender: fue un conquistador español, extremeño para más inri, el que quemó las naves, pero Cortés era un aventurero, no un hombre de Estado. Audaces fortuna iuvat, dijo por otra parte Virgilio, pero no siempre.

Mas es un estratega raro, empeñado en ignorar las reglas del juego en que se empeña. Escribió Mario Onaindía que los nacionalistas vascos son jugadores de mus, juego que consiste en amagar con lo que no se tiene, mientras se disimula la jugada que sí se tiene. Mas quiere jugar a eso, pero ha invertido el orden de los lances y ha pervertido la lógica del juego. El día que compareció con su tropilla para anunciar la fecha y las preguntas del referéndum, lo que hizo fue lanzar un órdago, palabra que quiere decir en vasco: ahí está, va todo.

Lo que él ignora es que después del órdago, el retador ha perdido toda oportunidad. La iniciativa está en manos del retado, que tiene dos opciones: aceptarlo y mostrar las cartas o achantarse y dejar que el retador se saque su financiación, su piedra porque no. Y sucede que el adversario de Mas es el Estado y que el Estado es mano y sus cartas suman 31, el non plus ultra. Ya lo dijo Rubalcaba en su frase más cabal de los últimos ocho años: «El que echa un pulso al Estado, pierde».

No habrá choque de trenes, metáfora tercerista y boba donde las haya, por más que un obstáculo menor pueda hacer descarrilar un tren. Hay sólo un político ramplón que se ha embarcado en un juego cuyas reglas desconoce, así como el orden de las jugadas. No tiene sentido que después de decir órdago pida mus, (nuevo reparto de cartas para tratar de mejorar su suerte). Ahora es el turno de Rajoy, un oponente, que, por capacidad de disimulo y opacidad gestual, gallego de lluvia y calma, ha de ser un gran jugador de mus. Nos saldrá tercerista, pero le bastaría con poner sus cartas boca arriba, aunque alternativamente podría responder con una hermosa aliteración: «Mas, no hay mus».

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Young Sánchez

Unos días antes del Congreso socialista del fin de semana, el nuevo secretario general decía que Mariano Rajoy «representa otra generación de políticos más del pasado, de los últimos 35 años, que del presente y del futuro».

A veces no es que la naturaleza imite al arte, sino que el arte se expresa para dar ocasión a que la naturaleza pueda manifestarse. Un suponer: Ignacio Aldecoa publicó en los años 50 un relato titulado Young Sánchez, sobre el que después escribiría un guión cinematográfico en el que Mario Camus basó en los 60 una película con el mismo título.

Todo para que el 29 de febrero de 1972 naciera en el madrileño barrio de Tetuán un niño a quien pusieron por nombre Pedro. «Enhorabuena, señora», debió decir la comadrona a la feliz mamá. «Ha tenido usted un joven precioso». El joven, ¿nace o se hace? He aquí una cuestión interesante. Por otra parte, el joven Sánchez fue a nacer en una fecha que le permite jugar con ventaja: sólo cumple años en los bisiestos. O sea, diez hasta la fecha.

Tengo ya escrito alguna vez que los socialistas hacen sus congresos con la lógica del cocido maragato: primero resuelven los asuntos nutricios y dejan para el final la sopa. En esta ocasión, Pedro Sánchez ha llegado a la sopa, vale decir la Ejecutiva, con la digestión de la Secretaría General ya hecha y algunos errores, como el rechazo a la elección de Juncker, asumida en solitario, en lugar de escudarse en las decisiones colegiadas de la Ejecutiva.

Eduardo Madina, más young que Sánchez, es, sin embargo, menos versado, más adusto y tiene un inconveniente básico para el liderazgo. Éste se ejerce, no se reclama y las continuas jeremiadas del ex aspirante sobre la falta de respuesta de Sánchez a sus llamadas y SMS demuestran que entre las opciones posibles, los socialistas eligieron la mejor. El joven Sánchez, por otra parte, tiene estudios acabados, habla idiomas y, rara avis, entre los jóvenes socialistas de hoy en día al decir de Joaquín Leguina, tiene más de seis meses cotizados a la Seguridad Social. Sólo por estos detalles a uno le darían ganas de votarlo, si no fuera porque ha compensado este currículum, tan propio de un político perteneciente a una generación anterior, pongamos la del mismo Rajoy, con el virginal expediente de su secretario de Organización, una ejemplar sucesión de cargos orgánicos y políticos desde que cumplió los 19: presidente de la Asociación de Estudiantes de La Rioja, secretario de Juventudes Socialistas de La Rioja, de las Juventudes Socialistas de España (galardón del ibérico solar), presidente de la Federación de Estudiantes Progresistas de España y miembro del Consejo Escolar del Estado.

La autoridad evidente fue Susana Díaz, aunque el joven Sánchez tuvo el gesto insurgente de levantar el puño y prometió cierta acracia asamblearia al mismo tiempo que los Podemos giraban suavemente hacia los modos convencionales de hacer política. ¿Qué gane el mejor? Como explicaron Ricardo &Nacho con motivo del primer debate entre González y Aznar: «No, que gane el otro».

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Qui ens roba?

Vivir para ver, ahora nos sale Jordi Pujol i Soley a cantar la gallina y resulta que sí, que lo que se contaba en este periódico sobre la extraña querencia de los patriotas por el exilio de sus cuentas bancarias era cierto y después de archivada la querella que costó informar del asunto, el protagonista principal de los hechos la confirma. Ayer mismo contó en un comunicado que la herencia de su padre, Florenci Pujol i Brugat, ha estado dulcemente reposando en una cuenta suiza desde 1980 hasta «hace unos días» en que sus hijos, los Pujol i Ferrusola, han regularizado el ludibrio.

«Hace unos días», dice, 34 años después de tener los dineros (tampoco dice cuántos) a buen recaudo. Debía de ser Florenci Pujol i Brugat un hombre muy cabal, a juzgar por el relato, aunque sea interesado, de su hijo Jordi. Una buena prueba de ello es que dejó la herencia, no a su hijo, sino a su nuera, Marta, y a los siete hijos que ella había tenido del padre de Cataluña «porque consideraba errónea y de incierto futuro mi opción por la política en lugar de seguir en el mundo de la actividad económica». ¿Qué iba a hacer? Los niños eran pequeños y luego su entrega a una misión como la de construir Cataluña, ahí es nada, una nació tan grande y él un hombre tan pequeño. Así que confió la gestión de aquella pasta a persona ajena en acto de íntima coherencia: la gestión del dinero en país ajeno también debe ser externalizada.

Treinta y cuatro años es mucho tiempo, dirán ustedes, pero depende de con qué lo comparemos. ¿Qué son al lado de los siete siglos largos de historia de la Generalitat? Un suspiro. Quizá por eso «nunca se encontró el momento adecuado para regularizar esta herencia». Hasta hace unos días, ya digo. Tampoco se agolparon ante Montoro, que ofreció una amnistía hace ya dos años, pero esto no es imputable al desinterés de los Pujol, sino a su carácter reflexivo y poco dado a la precipitación.

No tengo para olvidar cómo se creció el hombre cuando, ya propietario de un depósito de cuantía desconocida en Suiza desde hacía cuatro años y ante la curiosidad de la Fiscalía Anticorrupción por sus tejemanejes no muy claros en Banca Catalana, llamó a sus conciudadanos a defender a la patria atacada por los españoles: «Ara és l’hora, segadors». Y acudieron en masa: en las elecciones del 29 de abril, 1.346.729 votantes; en octubre, unos 200.000 manifestantes por la Rambla. Me pregunto si alguno de ellos se habrá arrepentido al leer hoy los periódicos. Qui ens roba?

Ya dijo aproximadamente el doctor Johnson que el patriotismo es el último refugio de los trapisondistas. Qué cuco este Pujol, que manera de impostar inocencia escarnecida en la Rambla, mientras tenía los dineros en Suiza. Era exactamente el cuco de Martín Fierro, «que en un lao pega los gritos/ y en otro pone los huevos».

Hace unos días me salió aquí una cita de Alberto Moravia sobre la familia como escuela de la delincuencia. Eso que el viejo descreído no conocía a los Pujol.

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Ah, las balanzas

Artur Mas, ese hombre, ha declarado que las balanzas fiscales se hacen públicas por puro interés político. Recordarán, incluso los lectores más desmemoriados, que la exigencia de las balanzas fiscales fue una reivindicación insistente del nacionalismo catalán. Ellos no quieren el método de cálculo carga-beneficio, sino el de flujo monetario; lo que pretenden es no contabilizar como gasto el que no se produce en la Comunidad. Cataluña, por tanto, no tendría por qué asumir la parte que le corresponde de las embajadas españolas en el extranjero, un suponer, o el coste de la Defensa que no se realice estrictamente en territorio catalán o la amortización de la deuda.

Lo que sostiene Ángel de la Fuente, uno de los autores de las cuentas, (él no les llama «balanzas fiscales» sino «cuentas públicas territorializadas») es que, aunque habría que cambiar el sistema, en los saldos fiscales sólo debe compararse lo que es comparable, es decir, los gastos públicos que están territorializados, como son la sanidad y la educación.

Aunque se modifique el modelo de financiación seguirá habiendo algunas comunidades que sean aportadoras netas, como Madrid y Barcelona, y otras que sean receptoras netas, como Galicia y Castilla y León, aunque eso no es una señal de inequidad, sino el resultado de un hecho: la vejez de la población determina un gasto mayor en pensiones, gasto que no está territorializado, lo que también ocurre con el desempleo, que tampoco es un gasto territorializado.

La primera consecuencia ha sido universalmente negativa: las comunidades contribuyentes se quejan por pagar y las receptoras, porque al hacerse públicas, las balanzas fiscales contribuyen al desencuentro entre las Comunidades. En realidad, las primeras, muy especialmente Cataluña, quisieran un sistema como el del concierto vasco, que con el mismo esfuerzo fiscal permite una sobrefinanciación por habitante del 180% de la media nacional. La cuestión no está en el sistema de concierto, sino en la aplicación del cupo, que no cálculo. Como precisó ayer José María Fidalgo en Onda Cero, «el cupo no se calcula; se negocia».

Nada más cierto. En los años 80, el entonces parlamentario de Euskadiko Ezkerra Xabier Olaberri se hizo con un bloc que los diputados del PNV habían dejado abandonado en el tren que les llevaba a Madrid a negociar el cupo. Era un cálculo-crucigrama: partía de la cifra que querían pagar y se remontaba hacia atrás para fijar las valoraciones necesarias. «Un cálculo hecho con el reputado método de la contabilidad analítica de Sokoa», dijo Olaberri, en referencia a la famosa cooperativa de ETA en Francia desmantelada poco antes.

No habría problema para generalizar el sistema de concierto, pero universalizar el cupo vasco sería imposible. El sistema tolera esta inequidad porque el PIB de Euskadi es el 5% del español, pero si se extiende a Cataluña, cuyo PIB supone el 19% del total, quebraría el sistema. La suma de las partes de un todo no puede ser superior al 100%; es triste, pero es así la vida.

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Se va, pero poco

La dimisión de Duran i Lleida ha sido la campanada del verano, una tormenta de pedrisco amable, un maremoto en un chupito de Aromas de Montserrat. Durante mucho tiempo tuve a este hombre por un político cabal, gente de palabra y buen parlamentario, lo que viene a ser una demostración palmaria de la capacidad de perseverar en el error que tenemos algunos.

Al tener noticia de su dimisión, uno tuvo una satisfacción de baja intensidad (15 voltios, aproximadamente) como la que siente cada vez que ve a un hombre público, entre su conciencia y el mando, opta por su conciencia, como cuando Jáuregui levantó la voz contra el primer disparate público de Sánchez, al negar el voto a Junckers. Tal como Jáuregui temía y yo avancé aquí mismo, el principal cabreo del PP europeo, sino el de los socialdemócratas alemanes: Schulz ya anunciado que no viene al Congreso del PSOE.

Pero estábamos en Duran y uno no ha tenido conocimiento de una personalidad tan repartida desde la Santísima Trinidad. Dimite como secretario general de CiU, pero no como presidente de Unió. Se va, pero poco. Él con Mas está bien y el motivo de su marcha es que «las circunstancias han cambiado». No ha dicho en qué, pero sí que no es por la consulta, de la que se confiesa partidario. ¿Quién tiene la culpa entonces? Seguramente Rajoy. Un bloguero con ingenio explicó una hace unos años la filosofía Tinell que puede subyacer en nuestro dimisionario: «Si me engañas una vez, la culpa es tuya, si me engañas dos veces, la culpa es mía; si me engañas tres, la culpa es el PP».

De ahí que nuestro héroe tampoco haya dimitido como portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados, ni haya prendido fuego al pasaporte diplomático del Reino de España, al que tiene derecho en su condición de presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, para ocupar un sitio de privilegio en la cola de los solicitantes del pasaporte de la República Catalana que ya estará preparando Carme Forcadell.

Duran es un hombre de convicciones. Siempre hay un nacionalista que salva la buena conciencia española sin mucho esfuerzo por su parte. «Menudo cabreo tiene Josu Bergara» (o Urkullu, o quien ustedes quieran), decían los bienpensantes cuando el delirio Ibarretxe. Luego se les veía como a Duran, asistir a las convocatorias aunque fuera en silla de ruedas (Diada de 2012).

Seguramente hay cálculo en este gesto nimio. Si Artur Mas fracasa una vez más, es bueno estar aparte, que no enfrente. Esa es la Tercera Vía de Duran i Lleida, no una equidistancia entre el presidente del Gobierno y el inquilino de la Generalitat. Tómenlo como un aviso desinteresado. En todo caso y si desean perseverar tomen nota de que Duran no será nadie si consiguen salvar de sí mismo –qué pasión tan inútil-a Artur Mas i Gavarró.

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Por duplicado

Tenemos un problema. Un presidente autonómico, representante ordinario del Estado, desconoce su obligación primera de cumplir y hacer cumplir las leyes y las sentencias de los tribunales y la democracia española está hecha un lío.

Las almas simples consideramos que asuntos como éste están legalmente previstos, un suponer, el artículo 410 del Código Penal, que prevé multa de tres a 12 meses e inhabilitación de seis meses a dos años para «las autoridades o funcionarios que se negaren abiertamente a dar el debido cumplimiento a resoluciones judiciales, decisiones u órdenes de la autoridad superior»

La Constitución establece en su artículo 155 que «si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la comunidad autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones, o para la protección del mencionado interés general».

Cuando Rajoy presente un recurso de inconstitucionalidad contra la ley de consultas, y el Constitucional admita a trámite el recurso del Gobierno, la ley quedará suspendida. El Gobierno es partidario de la doble notificación, a través de procurador y también personalmente. A uno esto le parece vejatorio; recuerda el viejo chiste sobre las dos medallas de oro que le iban a dar a determinado líder: la primera por tonto; la segunda, por si la perdía.

En todo caso, sería pertinente que se haga con acuse de recibo. Estaría bien que la entrega se hiciera en presencia de notario y ante la tumba de Guifré el Pilós, formalidad por la que el honorable Mas siente un respeto imponente.

Ambos fueron los actos más destacados de su campaña electoral de 2006. Por si valen los precedentes, incumplió su promesa (de no pactar con el PP) formulada ante ambos fedatarios. Y eso que los dos eran catalanes. ¿Por qué iba a sentirse obligado por una notificación del Constitucional, esa cuadrilla de españoles?

A uno le impresionó favorablemente una frase notable del anterior secretario general del PSOE: «El que echa un pulso al Estado, pierde». Sólo se refería a los controladores aéreos, lástima. Pero si es un partido que ejerce el Gobierno autonómico de Cataluña –detenta, diría el juez– y se empeña en no cumplir la ley, a ver qué hacemos.

Con la mejor voluntad quiero hacer una propuesta a quienes creen que la reforma de la Constitución servirá para sanarles. Empiecen por aligerar las leyes de excrecencias y artículos inútiles, que no consideran de aplicación. Por ejemplo, el 410 del Código Penal y el 155 de la Constitución española.

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Escuela de calor

Uno lee el contenido de la declaración del que fuera dirigente de UGT de Andalucía, Germán Damián, y entiende el arraigo que está cogiendo el fenómeno Podemos. Interrogado por la Guardia Civil a propósito de los famosos cursos de formación subvencionados por la Junta, ha cantado que toda la Ejecutiva del sindicato estaba al loro de la existencia de un canon revolucionario, la mordida para la causa.

Los terroristas, en su labor de mímesis del Estado al que combaten, trataban de reproducir sus estructuras y aplicaban un lenguaje de inversión, que llamaba cárcel del pueblo a un agujero del que el pueblo ignoraba el paradero, retenciones a los secuestros, mientras llamaba secuestros a las detenciones de terroristas por la Policía. Y llamaban impuesto revolucionario a la extorsión.

Todo se está radicalizando mucho, pero que un sindicato socialdemócrata desbarre hasta el extremo de llamar canon revolucionario a su tanto por ciento, parece un poco exagerado. Quizá fuera más adecuado tasa reformista o canon progresista, con calificativos desprovistos de connotaciones negativas.

Claro que si se tiene en cuenta que la comisión del sindicato ascendía al 20% de la factura que retenía el responsable de Administración y Recursos Humanos, Federico Fresneda, le cuadra mejor el término revolucionario que el de reformista.

Según el declarante, Fresneda «le dijo que ese porcentaje era para afrontar los gastos de personal y teléfono, luz o transporte de la organización», y que justificar ante la Administración ese porcentaje «era responsabilidad del departamento de Justificación».

Admirable. Departamento de Justificación. También resulta impresionante aquella página de los Episodios Nacionales en los albores del proceso secesionista, en la que Maragall y Artur Mas tuvieron un diálogo ejemplar. «Vostès tenen un problema i aquest problema es diu 3 per cent», dijo el primero, a lo que Mas respondió: «Vostè, senyor president, acaba d’engegar la legislatura a fer punyetes». Y así, hablando hablando, congeniaron y se dieron cuenta de que no les convenía hacerse daño. A mí me pareció un diálogo altamente literario; sólo me pareció extraño el porcentaje. «A estos les van a denunciar por dumping», pensé yo para mí.

Alberto Moravia dijo en una entrevista que la familia era la gran escuela de la delincuencia moderna. Tenía razón, ahí estaba El Padrino. Ha tenido que llegar la democracia española a este punto para que a la familia le hayan salido dos competidores temibles para disputar la condición de espacio privilegiado para la corrupción, véase el estado del arte en Andalucía: el municipio y el sindicato. Escuela de calor. Familia, municipio y sindicato, no sé de qué me suena a mí esta tríada, tendré que investigarlo cualquier tarde.

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