El paripé

No había pasado una hora desde que Rajoy mostrara su alborozo por la renuncia de Mas a la consulta, cuando Mas compareció en la galería gótica del Palacio de la Generalitat para aclarar –es un decir– conceptos: algo habrá, aunque no sea la convocatoria explicada en el decreto firmado con aquella Inoxcrom tan catalana, ¿recuerdan? Tienen que recordarlo, porque fue el 27 de septiembre, hace sólo dos semanas. «A veces las noticias excelentes duran unas pocas horas», le restregó el astuto Mas, retador.

En la misma galería gótica había anunciado Mas la fecha y las preguntas del referéndum. Entonces estaba rodeado por sus cómplices. Ayer, ya fracasado, sólo le acompañaba el traductor para sordomudos. Quizá porque alguien tenía que poner un mínimo de elocuencia en el desbarajuste. La soledad, lo dijo Gibbon, es la escuela del genio y gótico, lo que se dice gótico, florido, el pensamiento de Mas.

Su decreto Inoxcrom ya no vale, pese a lo cual insiste en que habrá consulta el día 9. «Habrá locales abiertos, urnas y papeletas. ¿No era eso lo que queríamos?». No forzosamente. Con esa definición podría estar hablando de una funeraria. No importa que no haya censo. Lo constituirá todo aquel que se presente con su DNI. Tampoco es óbice que no tenga siquiera un simulacro de junta electoral, ni que no pueda emplear a los Mossos. En su lugar quiere movilizar a 20.000 voluntarios de la ANC y de Òmnium para hacer de figurantes y caganers en su belén electoral. Funcionarios, servicio de orden, escamots, ¿qué más da? Referendos, consultas no refrendarias, foros de participación, audiencias públicas y encuestas, ¿no son todo una misma cosa? Mas tiene en la bocamanga una astucia más, un marco legal que no desvela «para no dar pistas al adversario». La verdadera consulta serán unas elecciones plebiscitarias, como estaba claro desde el principio. Todo el mundo sabía que yo estaba mintiendo, podría haber sido el colofón.

Sin embargo, él no tiene la culpa: «Yo no podré convocar unas elecciones refrendarias o plebiscitarias. Eso no existe en el ordenamiento jurídico». ¿Qué hacer, entonces? Muy sencillo, «la consulta definitiva sólo se podrá hacer a través de elecciones que los partidos transformen en un referéndum de facto, con lista conjunta y programa conjunto». La búsqueda de la suma cero. Váyase lo que pierda CiU por lo que gane ERC. Y si no, la culpa es de Junqueras. O del pueblo catalán. Recuerden que yo no fui a la manifestación.

Rajoy se mostraba dispuesto al diálogo. ¿Sobre qué? ¿Qué reforma constitucional creen los terceristas que puede rescatarlo del ridículo? Todo en él es paripé, pero los terceristas son un genuino invento español, una reedición del arbitrista que Quevedo retrataba en El Buscón, cuando Don Pablos se encontró uno que tenía solución para rendir Ostende secando con esponjas el mar por donde recibía ayuda de la Armada inglesa. «¿Quién le dice a vuestra merced que no se puede hacer? Hacerse se puede; que sea imposible es otra cosa».

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El paripé

No había pasado una hora desde que Rajoy mostrara su alborozo por la renuncia de Mas a la consulta, cuando Mas compareció en la galería gótica del palacio de la Generalidad para aclarar –es un decir- conceptos: algo habrá, aunque no sea la convocatoria explicada en el decreto firmado con aquella Inoxcrom tan catalana, ¿recuerdan? Tienen que recordarlo, porque fue el 27 de septiembre pasado, hace solo dos semanas. “A veces las noticias excelentes duran unas pocas horas” le restregó el astuto Mas, retador.

En la misma galería gótica había anunciado Mas la fecha y las preguntas del referéndum. Entonces estaba rodeado por sus cómplices. Ayer, ya fracasado, sólo le acompañaba el traductor para sordomudos. Quizá porque alguien tenía que poner un mínimo de elocuencia en el desbarajuste. La soledad, lo dijo Gibbon, es la escuela del genio y gótico, lo que se dice gótico, florido, el pensamiento de Mas.

Su decreto Inoxcrom ya no vale, pese a lo cual insiste en que habrá consulta el día 9. “Habrá locales abiertos, urnas y papeletas. ¿No era eso lo que queríamos?” No forzosamente. Con esa definición podría estar hablando de una funeraria. No importa que no haya censo. Lo constituirá todo aquel que se presente en un local con su DNI. Tampoco es óbice que no tenga siquiera un simulacro de junta electoral, ni que no pueda emplear a los mossos. En su lugar quiere movilizar a 20.000 voluntarios de la ANC y de Òmnium Cultural para hacer de figurantes y caganers en su belén electoral. Funcionarios, servicio de orden, escamots, ¿qué más da? Referendos, consultas no referendarias, foros de participación, audiencias públicas y encuestas, ¿no son todo una misma cosa? Mas tiene en la bocamanga una astucia más, un marco legal que no desvela “para no dar pistas al adversario”. La verdadera consulta serán unas elecciones plebiscitarias como estaba claro desde el principio. Todo el mundo sabía que yo estaba mintiendo, podría haber sido el colofón.

Sin embargo, él no tiene la culpa: “Yo no podré convocar unas elecciones refrendarias o plebiscitarias. Eso no existe en el ordenamiento jurídico”. ¿Qué hacer, entonces? Muy sencillo, “La consulta definitiva solo se podrá hacer a través de elecciones que los partidos transformen en un referéndum de facto, con lista conjunta y programa conjunto”. La búsqueda de la suma cero. Váyase lo que pierda CiU por lo que gane ERC. Y si no, la culpa es de Junqueras. O del pueblo catalán, que fue el que me empujó. Recuerden que yo no fui a la manifestación.

Rajoy se mostraba dispuesto al diálogo. ¿Sobre qué? ¿Qué reforma constitucional creen los terceristas que puede rescatarlo del ridículo? Todo en él es paripé, pero los terceristas son un genuino invento español, una reedición del arbitrista que Quevedo retrataba en El Buscón, cuando Don Pablos se encontró uno que tenía solución para rendir Ostende secando con esponjas el mar por donde recibía ayuda de la Armada inglesa. “¿Quién le dice a vuestra merced que no se puede hacer? Hacerse se puede; que sea imposible es otra cosa”.

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Un día sin Mas

Días como el de ayer dejan descolocados a todos los seguidores del proceso secesionista en el que Mas ha embarcado a tantos catalanes. La noticia del día podría ser «y al séptimo descansó», porque es el primer día desde hace mucho en el que el presidente de la Generalidad no ha hecho declaraciones, ni ha reunido a sus socios para volver a ratificarse en lo mismo, ni ha anunciado un cambio en el calendario, en las condiciones, en las preguntas, en los órganos de control de la consulta o en el pueblo de Cataluña mismo, que es como ese hombre llama al censo electoral.

De hecho, si no fuera por la infalible presencia de la familia Pujol y su horizonte jurídico-penal, que internacionaliza un poco el tema, gracias a la curiosidad que muestran hacia ellos el Principado de Liechtenstein y la Interpol, ayer habría parecido un día español. Los 38.000 manifestantes que contó la Guardia Urbana en la plaza de Cataluña no son apenas nada frente a los 1.800.000 de hace un mes, pero la presencia de banderas españolas y catalanas, juntas y revueltas, era un espectáculo desasosegante para cualquier buen catalán. Y sin una sola estrellada.

Trató de salvar la honra el hombre fuerte del Gobierno, Oriol Junqueras: «La responsabilidad nos obliga a hablar poco y trabajar mucho». Todo esto pasaba 26 días antes de la cita histórica que el secesionismo catalán tiene el 9 de noviembre con el esperpento. El sueño de Mas va a fracasar no porque la enérgica actitud del Gobierno haya hecho entender al president y a sus cómplices que la ignorancia de la ley va a tener unas repercusiones indeseables para ellos. Toda asociación para delinquir suele llevar a este problema: no hay manera de que los cómplices se pongan de acuerdo en el reparto del botín. Mucho menos cuando hay pérdidas.

Mas sabe que la alternativa electoral es la única que tiene después del día 9. Convocar e irse a su casa. Llegó al Palau en 2010, aupado en 62 escaños, mientras su competidor, Esquerra, se quedaba en 10. Pero Mas es un hombre generoso y adelantó las elecciones para que ERC pudiera acortar un poco las distancias. CiU perdió 12 escaños y Esquerra ganó 11. Mas se consideró satisfecho porque los diputados partidarios del referéndum habían pasado de 86 a 87. Es un hombre bueno y generoso. Más que el legendario Abundio. Por eso ahora no puede entender que Oriol Junqueras se niegue a corresponder, camuflando el inevitable fracaso electoral de CiU en la ensalada mixta de una coalición.

Junqueras no es tan bueno, no tan generoso. Él quiere ser califa en lugar del califa y necesita que Mas haga el ridículo una vez más y convierta a Esquerra en el primer partido de Cataluña. El honorable se lo ha trabajado mucho y verá su esfuerzo coronado por el éxito. Para que luego le llamen fracasado.

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El ente autorreferente

La directora general del Ente, Maite Iturbe, compareció ayer en el Parlamento vasco en una sesión más que notable. Todos los grupos de la oposición se aliaron contra la manipulación que a su entender se practica en los servicios informativos de la Televisión y en las radios públicas. Resulta asombroso que en un país en el que no hay el mínimo acuerdo, todos, EH Bildu y el PP, el PSE y UPyD el se hayan puesto de acuerdo para denunciar dicha manipulación.

Con argumentos opuestos, claro. Lo más relevante desde el punto de vista político es la ruptura del consenso escenificada ayer por los socialistas vascos, que habían dado su placet al nombramiento de Iturbe. EH Bildu no acaba de encontrarla a su gusto, pese a que la santa casa ha hecho siempre lo que estaba en su mano para agradarla. ETB ha sido siempre una televisión insurgente, antiinstitucional. Tenía razón Nerea Llanos al decir que “EiTB se está convirtiendo en un ente cuya labor es adoctrinar”, priorizando los temas del gusto abertzale, como el derecho a decidir, Cataluña o los presos de ETA. El único reparo que se podría oponer a Llanos es el haber sustituido el pretérito indefinido por el gerundio: no se está convirtiendo; lo fue siempre.

Para empezar, ETB nació como un “medio fundamental de cooperación con nuestro sistema educativo y de fomento y difusión de la cultura vasca, teniendo muy presente el fomento y desarrollo del euskera”, según la web del Departamento de Educación, Lingüística y Cultura del Gobierno Vasco. Luego, lo útil siempre se une con lo agradable, en julio de 1986, el director general Gorordo puso en marcha un segundo canal en castellano, ETB-2, con el fin de que las tareas de expansión de la lengua se vieran complementadas con las de adoctrinamiento en la lengua que mejor entienden los ciudadanos vascos. Y las ciudadanas, claro.

Iturbe compareció con mucho remango para decir que ningún medio público en España es tan plural como ETB, citando a TVE, Telemadrid ¡y Canal 9! una televisión pública que está cerrada desde noviembre de 2013. No se ha medido en cambio, lástima, con TV-3, que seguramente es un modelo de inspiración para lo nuestro. La directora general criticó la gestión del ente durante la legislatura socialista. Yo la entiendo. ETB no cambió sustancialmente durante el mandato de Patxi López, aunque no había tanta presencia abertzale radical en las tertulias.

Desde sus orígenes, EiTB está más cerca de ETA y el abertzalismo radical que de los partidos democráticos. Tanto el socialista Unzalu como la popular Llanos recordaron una afirmación ominosa del primer director de ETB, Luis Alberto Araberri, ‘Amatiño’, al calificar la Radiotelevisión pública vasca como un “proyecto abertzale impulsado por abertzales, tras una lucha abertzale”.

Es una lástima que los diputados de la oposición no cultiven con más esmero la hemeroteca. Porque Amatiño dijo cosas mucho más graves y más concretas en la misma conversación con la periodista Chelo Aparicio:

“ETA, al margen de su valoración sobre las instituciones, considera a ETB como la televisión de este país. Ello lo demuestra el trato preferente que nos dan en el otro lado de los Pirineos, como en las cárceles, para conseguir información”. (El País, 31 de julio de 1984)

Es lo que hay.

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Salud crítica

Tras el contagio del ébola padecido por el sacerdote García Viejo, cabía repatriarlo y admitir un riesgo, aunque fuera pequeño, de importar la enfermedad o enviar la ayuda médica necesaria para atenderlo en Sierra Leona, evitando cualquier posibilidad. Evidentemente, no se trataba de regatear la solidaridad que España debía a García Viejo y Pajares, sino de evitar males mayores.
Las fotos del avión medicalizado dispuesto para el traslado daban esa confianza que nos embarga en ocasiones a los ciudadanos de los países serios: llaman al timbre a las tres de la mañana y es un lechero algo sádico y muy madrugador; toca repatriar a un conciudadano enfermo y se toman las medidas para atenderle como se merece, cortando toda posibilidad de que avance la pandemia.
Vayamos a los hechos. La auxiliar que ha dado positivo en los análisis se fue de vacaciones el 26 de septiembre, después de fallecer García Viejo, a quien había atendido en dos ocasiones. El día 30 empezó a quejarse de fiebre, sin que le fueran realizadas las pruebas hasta el lunes 6 de octubre. Dos detalles: fue a buscarla una ambulancia sin medidas especiales, que al día siguiente continuó haciendo servicios y traslados de enfermos. Ya en el hospital la instalaron en un box de Urgencias, separado de otros pacientes y sus visitas por una simple cortina, como si hubiera sufrido un cólico renal.
Luego vino lo de Ana Mato in press conference. No todo fue catastrófico en su comparecencia. Por ejemplo, el hecho de comparecer vestida de negro revelaba una sensibilidad hacia la gravedad del asunto que es preciso tener en cuenta. Por ejemplo, ceder la palabra a personas más cualificadas para que respondieran a las preguntas de los periodistas.
En realidad, eran preguntas al viento, porque ni la ministra ni sus acompañantes, más técnicos, estaban en condiciones de proporcionar informaciones precisas y completas sobre las causas. Claro que si querían respuestas, los periodistas deberían preguntar a cualquier tertuliano amigo, que por lo general sí están en condiciones de dar respuestas acabadas.
Y de exigir responsabilidades, claro. La primera, la dimisión de la ministra, o en su caso, la destitución, algo que Rajoy debió hacer un par de cursos atrás. Ayer dio más motivos: después de convocar a los consejeros autonómicos, se hizo sustituir por la directora general de Salud Pública, tercer nivel del Ministerio, y cambió la reunión por videoconferencia.
La ministra está amortizada, aunque tienen razón los socialistas al no exigir su dimisión en medio de la desolación, según la máxima ignaciana. Es un ejercicio de responsabilidad, tiempo habrá, porque no creo que guarden memoria de la rueda de prensa de su Maleni tras el accidente de Spanair. La marca España y el turismo. ¿Puede haber algo peor? Sí, lo que algunos consideran solución: Ada Colau dice que Mato pretende «un exterminio encubierto». Luego admitió que «pudo ser una ironía excesiva», demostrando que nunca sabe de qué habla. Ni cuando dice exterminio, ni cuando dice ironía.

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¿Vientos de cambio?

Considera Rajoy no sin razón que el panorama ante las próximas generales va a ser complicado, que el tiempo de las mayorías se acabó y que el PP deberá actuar con inteligencia, acercándose a UPyD. Conste que yo le avisé de esta posibilidad en los tiempos en que cargaba contra Rosa Díez con más inquina que contra cualquier otro portavoz en el Congreso: mire que el día de mañana puede necesitar esos votos y le saldrán más caros.

Sánchez se conforma con multiplicar sus declaraciones en borrador, a la espera de que se las maticen y achicar a Podemos el espacio para su programa. ¿Qué pueden decir Iglesias o Monedero si a él le sobra el Ministerio de Defensa?

El PSOE y el PP han sido incapaces a lo largo de los años de acordar políticas de Estado. Se han conformado con pactar alternativamente cuando les tocaba, con un nacionalismo cuya última razón de ser era la destrucción de España. Los chicos de Podemos, que lo saben, están sobrados. Dice su líder que en 2015 el PSOE tendrá dos opciones: apoyar a Rajoy como presidente del Gobierno o apoyarle a él. Cualquiera de las dos les conduce a su irrelevancia. El análisis no carece de racionalidad, aunque debería cumplirse un requisito previo: que la genialidad de Zapatero, apoyar al tercero para que desaloje al primero y sustituir a Revilluca en el ranking, es ya un vicio irrenunciable para los socialistas.

Podemos es nombre de inspiración chavista y sus dirigentes han asesorado a la revolución bolivariana. Los efectos pueden verse en los desabastecidos supermercados de Venezuela, el país más corrupto de toda Latinoamérica, según Transparencia Internacional.

Iglesias prefiere la propaganda a la educación, de ahí que colabore en la televisión pública de un régimen que ahorca a los homosexuales. Non olet dice Vespasiano Iglesias, que se conforma con que a él no le toquen el mensaje. De la revolución francesa admira la guillotina, no los eslóganes que 15 años antes había proclamado la revolución americana sin matanzas. Iglesias es un fulano de lágrima fácil, que diría Sabina. De ahí que él y Errejón se emocionen en Bolivia «hoy más justa y próspera porque su presidente se debe a su pueblo y no al FMI», dos meses después de que el régimen de Evo Morales se convirtiera en el único país del mundo que autoriza el trabajo de los niños a partir de los 10 años.

Quizá pequen de optimismo al considerar que unas europeas, un brindis al sol, son un ensayo general para las legislativas, que la gente va a ver en el telepredicador a un presidente del Gobierno, salvo que haya prendido en la sociedad española un afán colectivo de suicidio. Que también podría ser.

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La sonrisa y la camisa

La sonrisa está muy sobrevalorada. Ya tuvimos un presidente que sabía sonreír. Un día, en un mitin andaluz, una joven le gritó: «José Luis, tienes que sonreír más, que tienes una sonrisa muy bonita». El candidato se acercó a ella y le pidió el teléfono. Un tiempo después, cuando ya era presidente, la llamó, pero no con propósitos normales, sino para ofrecerle una Ministeria. Era Bibiana Aído y ambos sobrepasaron largamente su nivel de incompetencia.

Pedro Sánchez, camisa blanca de mi esperanza, tiene también una sonrisa muy bonita. Vaya por delante que era el mejor de los tres candidatos a la Secretaría General, pero no sé yo si tiene conceptos muy claros. Fíjense en este enunciado suyo de ayer, en desayuno de trabajo: «Haré que las víctimas de terrorismo machista sean también reconocidas con funerales de Estado, con la presencia del Gobierno y del presidente del Gobierno en el momento en el que se produzcan esos asesinatos viles».

Impresionante: en una sola frase tres errores. Evidentemente, la hipotética presencia del Gobierno y su presidente en un funeral nunca se produciría «en el momento en que se produzcan esos asesinatos», sino forzosamente después. Por mucha prisa que se dé, cada tiempo tiene su afán, lo dice el Eclesiastés. Pero vayamos a lo conceptual. Sánchez desconoce el sentido de los funerales de Estado. No son para honrar a víctimas de crímenes execrables y dar ocasión a los gobernantes buenos de mostrar su compasión socialdemócrata, sino para honrar a servidores del Estado que han perdido la vida en su defensa. En tercer lugar, es bastante impresionante que un hombre que aspira a gobernar un país en el que tanto ha matado el terrorismo desconozca lo más elemental de su naturaleza.

Verá, mi admirado señor Sánchez, el rasgo más característico del terrorista es que él no tiene nada personal contra sus víctimas; derrama lo que Juan Aranzadi llamaba justamente «sangre simbólica» en un gran artículo sobre el tema. Mata al policía por el uniforme que lleva, al juez por su toga y a civiles cualesquiera para demostrar su posición. Paul Wilkinson, un gran experto, definía el fenómeno en su libro Terrorismo político como «el uso sistemático del asesinato, el daño y la destrucción o la amenaza de ellos, para crear un clima de terror, a fin de dar publicidad a una causa y de intimidar a un sector más amplio para que satisfaga los objetivos de los terroristas». El asesino maltratador, por el contrario, quiere venganza contra una mujer muy concreta, la suya. No quiere escarmentar a ninguna otra, señor Sánchez. Si me permite la expresión, el resto de las mujeres se la suda. Le convendría leer al citado Wilkinson, a Walter Laqueur y, si no tiene tiempo para lecturas que puedan parecerle áridas, a Sánchez Ferlosio, que escribió un magnífico tríptico, Notas sobre el terrorismo, en El País, entre marzo y abril de 1980.

Definamos el problema con alguna precisión. Y luego ya reclamemos funerales de Estado, que serán mano de santo si son federales. Y, a ser posible, laicos.

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