El veterano y el interino

Se afianza la juventud como un valor intrínseco. Ayer, el debate sobre las cuentas de 2015 tenía un aire de tiempo renovado, en el que los portavoces de los grupos con más representación pertenecían ya al relevo generacional, un cambio del que puede enorgullecerse justamente Podemos. El Gobierno estuvo representado por un senior, Cristóbal Montoro, que, a pesar de cumplir en el cargo justamente hoy dos años y 10 meses, parece que lleve encadenadas tres legislaturas, un tremendo déjà vu, agudizado por la frecuencia con que repite el mantra de la recuperación inminente y evidente.

El principal partido de la oposición estrenaba a Pedro Sánchez, e Izquierda Unida a Alberto Garzón, el diputado más joven del Congreso en esta legislatura, rango que en su día tuvieron Zapatero y Leire Pajín, para que se vea que eso no garantiza nada.

Zapatero, ya de presidente, evocó su debut como parlamentario más joven el 15 de julio de 1986, fecha de la segunda investidura de Felipe González (tercera legislatura), y contaba enternecido el sentido de la responsabilidad de su compañero de escaño, al que vio escribir un SÍ mayúsculo a guisa de chuleta en una cuartilla para no marrar el voto. Luego, a medida que perdía el apresto, aprendió más, las cosas como son. El récord de la juventud se pasa con el tiempo, es ley de vida.

Tanto Garzón como Pedro Sánchez son economistas, lo que en principio les cualifica para un debate como el de ayer, aunque no hay que fiarse, ya lo decía León Felipe en Romero solo: «Para enterrar a los muertos como debemos/ cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero». Recuerden que uno de los políticos más brillantes que ha tenido nunca el PSOE, y una de sus mejores cabezas económicas, perdió un debate económico frente a Aznar, al hacerse un lío con el devengo de caja, cuando era aspirante a la Presidencia del Gobierno.

Alberto Garzón practicó con brillantez el juego de la inversión. Él, que participó en el 15-M, de ahí que haya relevado al gran Cayo Lara para hacer frente a la amenaza externa de Podemos, y a la interna de la novia de Pablo Iglesias, llamó «antisistema» al ministro Montoro.

Sánchez tuvo un buen estreno en su discurso inicial. Se notaba que lo había trabajado, aunque al hablar del paro no fuera muy riguroso en la adjudicación de los trimestres de las EPAs, pero estaba un poco tierno para hacer frente en la réplica al colmillo de jabalí del ministro de Hacienda, que empezó haciendo gala de veteranía frente a un interino: «Usted es el quinto portavoz del PSOE al que me enfrento». Recurrió, cómo no, a la herencia recibida, sin especificar si en el legado entraba lo de Rato.

El PP debería explicar a partir de qué fecha exacta se va a considerar totalmente responsable de su acción de Gobierno. El PSOE debería hacer una autocrítica por el estado en que dejaron la economía a su salida del Ejecutivo. Un «no lo haremos más» para demostrar que han aprendido de sus errores y que merecen de nuevo la confianza de los ciudadanos.

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Pablo Manuel, simplemente

Desde que Fidel vive en su sombra y Felipe pasó a ser Glez por pluma de Umbral, ya solo quedan dos líderes a quienes llamamos por el nombre de pila: el Papa, que se despojó del ordinal para ser Francisco y el líder de Podemos, a quien los columnistas han ungido como simplemente Pablo. Todos somos Cintora en esto, aunque debo confesar que yo, algo menos confianzudo que el común de mis colegas, usaré su nombre de pila completo: Pablo Manuel. ¿Cómo le iba a ganar en el Congreso ese tocayo suyo que necesita apellido? Eso sin contar con que Pablo Echenique propone una secretaría general tridimensional, que es confundir la política de hoy con la de la antigua Roma o elevarla a los cielos, vía Santísima Trinidad.

«Nos temen porque somos eficaces», dijo. Qué eficacia puede exhibir gente que no tiene experiencia de gestión alguna. Un detalle: Pablo Manuel se querelló contra Esperanza Aguirre a quien reclamaba 100.000 euros por injurias. No se presentó al acto de conciliación y envió en su lugar a Monedero. Ni éste, ni su abogado, otro eficaz, pensaron que necesitaría un poder notarial para representar al partido. En consecuencia, unas horas antes de cantar su eficacia perdieron la demanda y 1.500 euros de costas. Con todo, su gran frase fue la del sábado: «El cielo no se toma por consenso, sino por asalto». Asaltar cielos pretendo, si me permiten la paráfrasis.

Una cita del autor de El Capital, dicen, pero qué va. Marx, es lo que tiene, que de sus palabras se aprovecha todo, como de las carnes del cerdo. La expresión figura en una carta que dirige a su amigo Kugelmann el 12 de abril de 1871 sobre la Comuna de París. En la misiva ya prefigura la derrota de los asaltacielos, con razón: faltaba mes y medio para la Semana Sangrienta que significó el fin de la Comuna, más de 30.000 muertos y la aplicación de la Ley Marcial en París durante cinco años.

Es más probable que Pablo Manuel, muy cinéfilo, tomara la expresión del documental Asaltar los cielos, que López Linares y Rioyo dirigieron en 1996 sobre Mercader, (Jaume Ramón), militante del PSUC y miembro del KGB, que en 1940, bajo la identidad de Jacques Mornard, hundió un piolet en el cráneo del viejo León Trotsky. La frase de Marx adquiere un tono sarcástico en el título y hace inquietante la consigna de Pablo Manuel.

Pero los dirigentes de Podemos son gramscianos confesos. Cabría preguntarse de qué habla el hombre cuando llama a asaltar los cielos. El fundador del PCI es el teórico de la guerra de posiciones frente a la de movimientos, del consenso frente al asalto; el intelectual que teorizó sobre los aparatos ideológicos del Estado y la hegemonía o consenso social.

Después de leer el libro más interesante de Pablo Manuel Iglesias, Maquiavelo frente a la gran pantalla, tengo la ligera impresión de que este chico no ha acabado de entender todas las películas de las que escribe. De ahí que casi siempre les reproche un exceso de llamadas a la reconciliación y de equidistancia entre los buenos y los malos, y una insuficiencia de la lucha de clases en su trama argumental. Son películas explicadas a caperucitas, al igual que las de Juan Carlos Monedero, que copia a aquel par incomparable formado por Armand Mattelart y Ariel Dorfmann, autores en 1972 de un manual titulado: Para leer al Pato Donald.

El intelectual Monedero contaba en la tele bolivariana que en El Rey León, se identifica al malo con el Ayatola Jomeini. No explicaba por qué el imperialismo combatía en 1994 a Jomeini, muerto cinco años antes, cuando el mal de presente era Sadam Husein. Monedero también ve «recado» en el garfio del enemigo de Peter Pan. ¿No recuerda el gancho a la hoz que conforma el anagrama del comunismo? Un problema: El autor de Peter Pan, J.M. Barrie, creó este personaje en 1901 y su estreno teatral, con su Wendy, sus niños perdidos y su Garfio se produjo en diciembre de 1904. Faltaban 13 años para la Revolución de Octubre y para que la hoz y el martillo tuvieran algún significado.

Ayer, el congreso de Podemos aprobó el impago de la deuda, una medida que nos daría grandes facilidades financieras en el futuro. El asunto de verdad, la organización de Podemos como partido, el duelo entre Pablo Manuel y Pablo Echenique se resolverá la próxima semana, con el voto de los 132.000 afiliados.

No sé por qué, pero a pesar de que los partidos españoles se han ganado a pulso el voto de castigo que supuso Podemos en las europeas, no acabo de ver en Pablo Manuel la cara del próximo presidente del Gobierno, por mucha ilusión que le haga y mucho que le aúpen las columnas. Las europeas eran gratis.

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40 años fugaces

El lunes pasado se cumplían 40 años exactos de la clausura del XXVI Congreso, 13º de los que celebraba en el exilio el ilegal PSOE. Los delegados socialistas se hallaban reunidos desde dos días antes en el teatro Jean Vilar de Suresnes, muy cerca de París.

En aquel congreso, un pacto de vascos y andaluces liquidó a la vieja dirección del exilio encabezada por Rodolfo Llopis. Era urgente. Mientras su dirección vivía aferrada a la nostalgia, aquel verano de 1974 había dado las primeras señales del cambio. El 9 de julio fue hospitalizado Franco aquejado de una tromboflebitis, haciéndose cargo de la Jefatura del Estado con carácter interino el príncipe de España, Juan Carlos de Borbón.

Veinte días después, el secretario general del PCE, Santiago Carrillo, daba un golpe de efecto con el anuncio de la creación de la Junta Democrática de España, una plataforma de la oposición que integraría junto al propio PCE, a CCOO, al PSP de Tierno, al PTE, amén de dos personalidades, como Rafael Calvo Serer –miembro relevante del Opus Dei que acompañó a Carrillo en la rueda de prensa de presentación en París– y Antonio García Trevijano, que ya entonces se postulaba para presidente de la III República Española.

Los socialistas del interior eran lo que seis meses antes se había bautizado como el clan de la tortilla, pura metáfora, una foto de Pablo Juliá que en realidad no hizo Juliá y en la que tampoco había tortilla: Felipe González pelaba una naranja. Contaban con el apoyo de Mitterrand y Palme, invitados de honor en Suresnes, amén de Willy Brandt y Pietro Nenni, que era tanto como decir el apoyo de la Internacional Socialista.

Aquellos jóvenes necesitaban darse prisa y se proponían aupar a la Secretaría General a Nicolás Redondo Urbieta. El dirigente de UGT se negó e impulsó la candidatura de un joven Felipe González, también llamado Isidoro en la incierta primera luz de aquella transición.

Ha pasado mucha agua bajo el puente y el tiempo no ha mejorado el modelo desde que el PSOE se alzó con el poder ocho años después del Congreso que modernizó el partido, rejuveneció su dirección y la llevó hacia el pragmatismo y el reconocimiento de los límites de la realidad. González se desprendió del marxismo, junto con su cargo, en el XXVIII Congreso; llegó a presidente con un golpe abortado de dos jefes militares la víspera misma del 28-O, los hermanos

Crespo Cuspinera. Su primera legislatura comenzó con el asesinato del jefe de la Brunete, el general Lago Román, y culminó con la promesa rota de sacar a España de la OTAN.

Claro que el adanismo no guarda memoria de las generaciones precedentes; ni siquiera recuerda la existencia de las mismas. El nuevo secretario general recuerda a Felipe, pero no sus rectificaciones. Quizá por eso le «sobra el Ministerio de Defensa». En la VII legislatura, (2000-2004) se produjo una anécdota significativa: el histórico Yáñez-Barnuevo comentó a Leire Pajín, la diputada más joven del Congreso y futura secretaria de Estado y ministra: «Esta tarde me voy a tu pueblo» (Alicante). «¿Y a qué vas?», se interesó ella amablemente. «Me han pedido que dé una conferencia sobre Llopis». «¿Y quién es ése?». «Fue el secretario general de tu partido anterior a Felipe González». Rodolfo Llopis había sido también el cabeza de lista por Alicante de la candidatura del Frente Popular en febrero de 1936.

El acto conmemorativo de ayer en la Casa de América tuvo una ausencia notable: Nicolás Redondo, gran protagonista en aquel Congreso de hace 40 años, cuya ruptura con aquel Isidoro de Surenes se produjo 12 años después de su patrocinio. Había sido invitado por circular, con derecho a asiento, pero sin palabra. Nunca ha cuadrado a un grupo humano como a aquellos jóvenes socialistas la evocación del tiempo y el cambio que expresan dos versos del Poema 20 de Neruda: «La misma noche que hace blanquear los mismos árboles./ Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos». Ciertamente.

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El paripé

No había pasado una hora desde que Rajoy mostrara su alborozo por la renuncia de Mas a la consulta, cuando Mas compareció en la galería gótica del Palacio de la Generalitat para aclarar –es un decir– conceptos: algo habrá, aunque no sea la convocatoria explicada en el decreto firmado con aquella Inoxcrom tan catalana, ¿recuerdan? Tienen que recordarlo, porque fue el 27 de septiembre, hace sólo dos semanas. «A veces las noticias excelentes duran unas pocas horas», le restregó el astuto Mas, retador.

En la misma galería gótica había anunciado Mas la fecha y las preguntas del referéndum. Entonces estaba rodeado por sus cómplices. Ayer, ya fracasado, sólo le acompañaba el traductor para sordomudos. Quizá porque alguien tenía que poner un mínimo de elocuencia en el desbarajuste. La soledad, lo dijo Gibbon, es la escuela del genio y gótico, lo que se dice gótico, florido, el pensamiento de Mas.

Su decreto Inoxcrom ya no vale, pese a lo cual insiste en que habrá consulta el día 9. «Habrá locales abiertos, urnas y papeletas. ¿No era eso lo que queríamos?». No forzosamente. Con esa definición podría estar hablando de una funeraria. No importa que no haya censo. Lo constituirá todo aquel que se presente con su DNI. Tampoco es óbice que no tenga siquiera un simulacro de junta electoral, ni que no pueda emplear a los Mossos. En su lugar quiere movilizar a 20.000 voluntarios de la ANC y de Òmnium para hacer de figurantes y caganers en su belén electoral. Funcionarios, servicio de orden, escamots, ¿qué más da? Referendos, consultas no refrendarias, foros de participación, audiencias públicas y encuestas, ¿no son todo una misma cosa? Mas tiene en la bocamanga una astucia más, un marco legal que no desvela «para no dar pistas al adversario». La verdadera consulta serán unas elecciones plebiscitarias, como estaba claro desde el principio. Todo el mundo sabía que yo estaba mintiendo, podría haber sido el colofón.

Sin embargo, él no tiene la culpa: «Yo no podré convocar unas elecciones refrendarias o plebiscitarias. Eso no existe en el ordenamiento jurídico». ¿Qué hacer, entonces? Muy sencillo, «la consulta definitiva sólo se podrá hacer a través de elecciones que los partidos transformen en un referéndum de facto, con lista conjunta y programa conjunto». La búsqueda de la suma cero. Váyase lo que pierda CiU por lo que gane ERC. Y si no, la culpa es de Junqueras. O del pueblo catalán. Recuerden que yo no fui a la manifestación.

Rajoy se mostraba dispuesto al diálogo. ¿Sobre qué? ¿Qué reforma constitucional creen los terceristas que puede rescatarlo del ridículo? Todo en él es paripé, pero los terceristas son un genuino invento español, una reedición del arbitrista que Quevedo retrataba en El Buscón, cuando Don Pablos se encontró uno que tenía solución para rendir Ostende secando con esponjas el mar por donde recibía ayuda de la Armada inglesa. «¿Quién le dice a vuestra merced que no se puede hacer? Hacerse se puede; que sea imposible es otra cosa».

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El paripé

No había pasado una hora desde que Rajoy mostrara su alborozo por la renuncia de Mas a la consulta, cuando Mas compareció en la galería gótica del palacio de la Generalidad para aclarar –es un decir- conceptos: algo habrá, aunque no sea la convocatoria explicada en el decreto firmado con aquella Inoxcrom tan catalana, ¿recuerdan? Tienen que recordarlo, porque fue el 27 de septiembre pasado, hace solo dos semanas. “A veces las noticias excelentes duran unas pocas horas” le restregó el astuto Mas, retador.

En la misma galería gótica había anunciado Mas la fecha y las preguntas del referéndum. Entonces estaba rodeado por sus cómplices. Ayer, ya fracasado, sólo le acompañaba el traductor para sordomudos. Quizá porque alguien tenía que poner un mínimo de elocuencia en el desbarajuste. La soledad, lo dijo Gibbon, es la escuela del genio y gótico, lo que se dice gótico, florido, el pensamiento de Mas.

Su decreto Inoxcrom ya no vale, pese a lo cual insiste en que habrá consulta el día 9. “Habrá locales abiertos, urnas y papeletas. ¿No era eso lo que queríamos?” No forzosamente. Con esa definición podría estar hablando de una funeraria. No importa que no haya censo. Lo constituirá todo aquel que se presente en un local con su DNI. Tampoco es óbice que no tenga siquiera un simulacro de junta electoral, ni que no pueda emplear a los mossos. En su lugar quiere movilizar a 20.000 voluntarios de la ANC y de Òmnium Cultural para hacer de figurantes y caganers en su belén electoral. Funcionarios, servicio de orden, escamots, ¿qué más da? Referendos, consultas no referendarias, foros de participación, audiencias públicas y encuestas, ¿no son todo una misma cosa? Mas tiene en la bocamanga una astucia más, un marco legal que no desvela “para no dar pistas al adversario”. La verdadera consulta serán unas elecciones plebiscitarias como estaba claro desde el principio. Todo el mundo sabía que yo estaba mintiendo, podría haber sido el colofón.

Sin embargo, él no tiene la culpa: “Yo no podré convocar unas elecciones refrendarias o plebiscitarias. Eso no existe en el ordenamiento jurídico”. ¿Qué hacer, entonces? Muy sencillo, “La consulta definitiva solo se podrá hacer a través de elecciones que los partidos transformen en un referéndum de facto, con lista conjunta y programa conjunto”. La búsqueda de la suma cero. Váyase lo que pierda CiU por lo que gane ERC. Y si no, la culpa es de Junqueras. O del pueblo catalán, que fue el que me empujó. Recuerden que yo no fui a la manifestación.

Rajoy se mostraba dispuesto al diálogo. ¿Sobre qué? ¿Qué reforma constitucional creen los terceristas que puede rescatarlo del ridículo? Todo en él es paripé, pero los terceristas son un genuino invento español, una reedición del arbitrista que Quevedo retrataba en El Buscón, cuando Don Pablos se encontró uno que tenía solución para rendir Ostende secando con esponjas el mar por donde recibía ayuda de la Armada inglesa. “¿Quién le dice a vuestra merced que no se puede hacer? Hacerse se puede; que sea imposible es otra cosa”.

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Un día sin Mas

Días como el de ayer dejan descolocados a todos los seguidores del proceso secesionista en el que Mas ha embarcado a tantos catalanes. La noticia del día podría ser «y al séptimo descansó», porque es el primer día desde hace mucho en el que el presidente de la Generalidad no ha hecho declaraciones, ni ha reunido a sus socios para volver a ratificarse en lo mismo, ni ha anunciado un cambio en el calendario, en las condiciones, en las preguntas, en los órganos de control de la consulta o en el pueblo de Cataluña mismo, que es como ese hombre llama al censo electoral.

De hecho, si no fuera por la infalible presencia de la familia Pujol y su horizonte jurídico-penal, que internacionaliza un poco el tema, gracias a la curiosidad que muestran hacia ellos el Principado de Liechtenstein y la Interpol, ayer habría parecido un día español. Los 38.000 manifestantes que contó la Guardia Urbana en la plaza de Cataluña no son apenas nada frente a los 1.800.000 de hace un mes, pero la presencia de banderas españolas y catalanas, juntas y revueltas, era un espectáculo desasosegante para cualquier buen catalán. Y sin una sola estrellada.

Trató de salvar la honra el hombre fuerte del Gobierno, Oriol Junqueras: «La responsabilidad nos obliga a hablar poco y trabajar mucho». Todo esto pasaba 26 días antes de la cita histórica que el secesionismo catalán tiene el 9 de noviembre con el esperpento. El sueño de Mas va a fracasar no porque la enérgica actitud del Gobierno haya hecho entender al president y a sus cómplices que la ignorancia de la ley va a tener unas repercusiones indeseables para ellos. Toda asociación para delinquir suele llevar a este problema: no hay manera de que los cómplices se pongan de acuerdo en el reparto del botín. Mucho menos cuando hay pérdidas.

Mas sabe que la alternativa electoral es la única que tiene después del día 9. Convocar e irse a su casa. Llegó al Palau en 2010, aupado en 62 escaños, mientras su competidor, Esquerra, se quedaba en 10. Pero Mas es un hombre generoso y adelantó las elecciones para que ERC pudiera acortar un poco las distancias. CiU perdió 12 escaños y Esquerra ganó 11. Mas se consideró satisfecho porque los diputados partidarios del referéndum habían pasado de 86 a 87. Es un hombre bueno y generoso. Más que el legendario Abundio. Por eso ahora no puede entender que Oriol Junqueras se niegue a corresponder, camuflando el inevitable fracaso electoral de CiU en la ensalada mixta de una coalición.

Junqueras no es tan bueno, no tan generoso. Él quiere ser califa en lugar del califa y necesita que Mas haga el ridículo una vez más y convierta a Esquerra en el primer partido de Cataluña. El honorable se lo ha trabajado mucho y verá su esfuerzo coronado por el éxito. Para que luego le llamen fracasado.

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El ente autorreferente

La directora general del Ente, Maite Iturbe, compareció ayer en el Parlamento vasco en una sesión más que notable. Todos los grupos de la oposición se aliaron contra la manipulación que a su entender se practica en los servicios informativos de la Televisión y en las radios públicas. Resulta asombroso que en un país en el que no hay el mínimo acuerdo, todos, EH Bildu y el PP, el PSE y UPyD el se hayan puesto de acuerdo para denunciar dicha manipulación.

Con argumentos opuestos, claro. Lo más relevante desde el punto de vista político es la ruptura del consenso escenificada ayer por los socialistas vascos, que habían dado su placet al nombramiento de Iturbe. EH Bildu no acaba de encontrarla a su gusto, pese a que la santa casa ha hecho siempre lo que estaba en su mano para agradarla. ETB ha sido siempre una televisión insurgente, antiinstitucional. Tenía razón Nerea Llanos al decir que “EiTB se está convirtiendo en un ente cuya labor es adoctrinar”, priorizando los temas del gusto abertzale, como el derecho a decidir, Cataluña o los presos de ETA. El único reparo que se podría oponer a Llanos es el haber sustituido el pretérito indefinido por el gerundio: no se está convirtiendo; lo fue siempre.

Para empezar, ETB nació como un “medio fundamental de cooperación con nuestro sistema educativo y de fomento y difusión de la cultura vasca, teniendo muy presente el fomento y desarrollo del euskera”, según la web del Departamento de Educación, Lingüística y Cultura del Gobierno Vasco. Luego, lo útil siempre se une con lo agradable, en julio de 1986, el director general Gorordo puso en marcha un segundo canal en castellano, ETB-2, con el fin de que las tareas de expansión de la lengua se vieran complementadas con las de adoctrinamiento en la lengua que mejor entienden los ciudadanos vascos. Y las ciudadanas, claro.

Iturbe compareció con mucho remango para decir que ningún medio público en España es tan plural como ETB, citando a TVE, Telemadrid ¡y Canal 9! una televisión pública que está cerrada desde noviembre de 2013. No se ha medido en cambio, lástima, con TV-3, que seguramente es un modelo de inspiración para lo nuestro. La directora general criticó la gestión del ente durante la legislatura socialista. Yo la entiendo. ETB no cambió sustancialmente durante el mandato de Patxi López, aunque no había tanta presencia abertzale radical en las tertulias.

Desde sus orígenes, EiTB está más cerca de ETA y el abertzalismo radical que de los partidos democráticos. Tanto el socialista Unzalu como la popular Llanos recordaron una afirmación ominosa del primer director de ETB, Luis Alberto Araberri, ‘Amatiño’, al calificar la Radiotelevisión pública vasca como un “proyecto abertzale impulsado por abertzales, tras una lucha abertzale”.

Es una lástima que los diputados de la oposición no cultiven con más esmero la hemeroteca. Porque Amatiño dijo cosas mucho más graves y más concretas en la misma conversación con la periodista Chelo Aparicio:

“ETA, al margen de su valoración sobre las instituciones, considera a ETB como la televisión de este país. Ello lo demuestra el trato preferente que nos dan en el otro lado de los Pirineos, como en las cárceles, para conseguir información”. (El País, 31 de julio de 1984)

Es lo que hay.

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