Arenys de Mort

Etxarri-Aranaz es un pueblo navarro situado en el centro del valle de la Sakana (la Barranca), que tiene 2.496 habitantes según el último censo. En las últimas elecciones municipales el 63,4% de los votos fueron para Bildu, el 25,43% para Nafarroa Bai y el 8,65% para el PP. Como en tantos pueblos de Navarra la antigua geografía carlista ha devenido en Batasuna. Los nietos de aquellos requetés que cantaban «en la mano la pistola/ y en el corazón, la fe, la fe, la fe», heredaron de sus mayores el apego a las mismas herramientas.

En Etxarri se daban las circunstancias para ser el Arenys de Munt de Euskal Herria, el primer municipio que convocó un referéndum de independencia en Cataluña, el 13 de septiembre de 2009. Es como Arenys, pero a falta de un Espriú que le escriba su ronda de mort, tienen lugareños que han escrito su ronda de muerte con la sangre de sus convecinos. Un pueblo cainita en sentido estricto.

En enero de 1979, unos vecinos del pueblo asesinaron al ex alcalde Jesús Ulayar en presencia de su hijo pequeño, Salvador. Los asesinos y sus cómplices, una vez condenados, fueron convertidos en hijos predilectos del pueblo por el Ayuntamiento y la Comisión de Fiestas pidió dinero para ellos por las casas, incluida la de los Ulayar.

En el lugar en que los hermanos Nazabal mataron de cinco disparos a aquel hombre, el Ayuntamiento colocó contenedores de basura. Veinticinco años después, los congregados en un homenaje a la víctima los apartaron para poner un altarcillo con velas. Al día siguiente, las basuras volvían a ocupar el sitio de la víspera.

Aquí tuvo lugar el referéndum. Llevamos toda la vida oyendo en distintos tonos y armonías la misma cantilena nacionalista, que la Constitución no fue aprobada en Euskadi porque la abstención alcanzó el 55,34%. No sé a qué venía esta memez: los soberanistas catalanes han invocado idéntico descontento, con una abstención del 32,09% y un porcentaje de votos afirmativos del 90,46%. Con esa lógica, no deberían considerar aprobado el Estatut de 2006: 50,59% de abstención. Tampoco el referéndum de Arenys de Munt, más absentista que la Constitución en el País Vasco: el 58,99%. Ni, por supuesto, el que convocaron unos particulares el domingo en Etxarri-Aranaz, la Arenys de Mort de la Sakana: se abstuvo el 57,2% del censo electoral, votó afirmativamente el 94,48% del resto y en sentido negativo, el 2,12%.

A ese 2,12 que se ha atrevido a decir no le ha tenido que entrar el complejo de la familia de Lot: son gente de más en un proyecto cerrado y excluyente, en una Sodoma y Gomorra, pero sin entretenimiento carnal: mortalmente aburrida. No mirarán atrás cuando se vayan, por la cuenta que les tiene: no habrá un ángel que les convierta en estatua de sal; todo es más banal. Bastará un portavoz del Gobierno vasco que les invite a desarraigarse por segunda vez, 25 años después. Podrán volver para votar y rezar por sus víctimas ante los contenedores de basura con los que el soberanismo ha marcado el lugar en el que fueron abatidas.

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Querer o creer

Carme Forcadell da hoy a este periódico un titular impresionante: «Presionaremos continuamente a los políticos para que hagan lo que nosotros creemos». Ada Colau habría dicho: «Para que hagan lo que nosotros queremos», asomando con ello la patita antidemócrata, totalitaria. Que hagan lo que nosotros creemos tiene, además, una cierta voluntad de Santo Oficio y una demostración clara de que desconoce el significado de las palabras.
La señora Forcadell puede creer en Dios Padre, en la vida perdurable y en todo lo que hay entre ambos conceptos en el Credo, pero eso no se lo puede transmitir a Mas, ni siquiera como creencia; mucho menos para imponérselo como tarea pendiente: bastante hizo el ridículo el honorable, creyéndose Moisés, Gandhi, Luther King y Suárez. Por no hablar del papelón de su biógrafa Rahola al llamarle «Rey Artur», como para ponerle a hacer de Dios Padre o alcanzar la inmortalidad.

La entrevista se sustenta en un par de ocurrencias: que ella y su Asamblea Nacional, a la que ha puesto nombre de parlamento francés, pueden coaccionar a las instituciones, siguiendo por la vereda de Colau, afectada por la hipoteca sin hipoteca. La segunda es que la petición de ilegalizar a quien incurre en actos ilegales es una fábrica de hacer independentistas, una insuperable confesión de inutilidad: somos tan incapaces de crear partidarios con nuestras razones que los adeptos nos los tiene que fabricar el enemigo. O, dicho de otra manera: el independentismo es una fobia, sólo funciona por rechazo al otro.

Hay más materia en las respuestas de la señora Forcadell. Preguntada por la polémica inclusión en su hoja de ruta–¿por qué no «derrota», que es término mucho más hermoso y polisémico?– del control de puertos y aeropuertos, responde que «si aspiramos a tener un Estado independiente es normal que aspiremos a controlar las fronteras, los puertos y los aeropuertos». Y todos los impuestos, y el ejército y el Código Penal. Y la soberanía, claro. Pero resulta que no, que por mucho que se empeñe su ANC, la soberanía reside donde dice el art. 1.2 de la Constitución Española.

La semana pasada, el gran José María Fidalgo hacía una crítica inobjetable al prisionero del Palace: «Es que Duran siempre se escapa de las discusiones», cuando le hablan del cumplimiento de la ley, dice que no es la ley, sino la política, pero si se discute en términos políticos siempre invoca alguna legislación ad hoc. Siempre hay algún listillo que tira del calificativo «inteligente» para una solución que supone desprecio de la ley.

El misterio es que Pérez Rubalcaba, tan empeñado en dialogar sobre algo que no explica –¿un federalismo desigual y desleal?–, se empeñe en fotos tan obscenas como la de sus paseíllos con Duran por la M-30 del Congreso y se haya olvidado ya de su gran frase de hacer tres años y medio: «Quien le echa un pulso al Estado pierde».
Debió añadir: «Pero sólo si son controladores aéreos. Otra cosa es que sea Mas, espoleado por Carme Forcadell, ese intelecto». O por Marta Rovira, la palabra.

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Una rareza

Susana Díaz es uno de los personajes más notables del socialismo español. Llamó mucho la atención su estreno hace unos meses como presidenta de la Junta, cuando emplazó al PSOE y al PSC a defender la unidad de España. Coño, qué rareza, pensó uno, que estaba empezando a considerar al PSOE una rara síntesis del PSC y Jesús Eguiguren.

Ayer ejerció de gobernante, al firmar un decreto por el que retira a la consejera Cortés las competencias en materia de adjudicación de VPO, advirtiendo de que «siempre se va a actuar dentro del marco de la Ley, de la igualdad y de la justicia social». La causa es que la consejera de IU había atribuido graciosamente 18 viviendas a los desalojados de la llamada corrala Utopía, una ekintzaokupa patrocinada y amparada por IU en unos pisos de Ibercaja sin vender, a la que puso fin la Policía el domingo pasado por orden de un juez profesional.

La consejera Elena Cortés debió de considerar cuestión menor que esa docena y media de viviendas tuviese una larga lista de espera, una nimiedad comparándola con el absoluto de Utopía que alienta en los ideales de la verdadera izquierda. Y se las adjudicó a los suyos. La Utopía es una patada en la puerta de casa ajena, un condón pinchado de esa Izquierda Unida de Cañamero y Sánchez Gordillo, que eran en el arte de asaltar supermercados el equivalente a los hermanos James en el de asaltar trenes.

No llegará la sangre al río, advierte el portavoz de IU: no se pondrán tan pundonorosos como para romper el pacto de Gobierno. O sea, que volverán a mandamiento y la presidenta les devolverá la adjudicación de las viviendas, pero ya habrá sentado una base para el adelantamiento de elecciones, cogiendo con el pie cambiado, no sólo a su socio de Gobierno, sino a un jefe de la oposición todavía en agraz, como lo demostró ayer, al ofrecerse como socio de repuesto si Susana rompe con IU.

Susana Díaz ganará esas elecciones, que probablemente serán una meta volante en su carrera hacia la secretaría general del socialismo español. De ahí su defensa de la ley y de una España unida, un lenguaje extravagante en la izquierda de hoy. Fue chaconista, pero apoyará a Rubalcaba, para que le caliente el sitio mientras se jubila de verdad.

Estos fines son legítimos. Mucho más que la Utopía de IU o las «cosas maravillosas» que anunciaba Chacón durante un mitin en Tomelloso. Y los medios y el discurso parecen adecuados. Más que la espantada de la primera diputada por Barcelona, una aspirante que puso tierra y un océano por medio, mientras en Cataluña, su Cataluña, se gestaba la insurrección, se incumplían las leyes y se incurría en desacato.

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Tres párvulos

No sé yo si es muy procedente que el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición se tomen tan en serio la asonada catalana como para bajar ellos mismos al Hemiciclo a hacer frente a Herrera, Turull y Rovira, los enviados por el intelectual alternativo que preside la Generalidad de Cataluña; me permitirán llamarla así, como Azaña y Ortega, sobre todo, después de que Gil Lázaro dijera dos veces Cheneralitat para abrir el baile. Mas ha vuelto a repetir su hazaña de la Diada de 2012: convocar la manifestación y luego él quedarse en casa, a verlo por la tele.

Los recadistas no estaban muy cualificados, la verdad sea dicha, pero la diferencia entre los enviados y el honorableremitent era más de carácter protocolario que intelectual.
Jordi Turull, que hace menos de dos semanas negaba toda credibilidad a las resoluciones del Constitucional, integrado por «agitadores de la catalanofobia» y lamentando que los clubes de boletaires tuvieran más libertad que el Parlament. Ayer debía ser president del club del rovellón, como el gran Sazatornil en La escopeta nacional, porque en estos 10 días ya había ganado mucha credibilidad el tribunal catalanófobo: «La consulta es legal y es posible, porque expertos constitucionalistas y la misma sentencia del TC dicen que si hay voluntad política, la consulta sobre el futuro político de Cataluña tiene cabida en la Constitución», dijo ayer. «[Esto] no es un callejón sin salida, sino un camino sin retorno», concluyó, y en esto tiene razón, ya dijo Perón –todo el mundo tiene derecho a su frase feliz– que de todas partes se vuelve menos del ridículo.

Marta Rovira, qué bien habría interpretado su papel la malograda y gran Mary Santpere de joven, confirmó ayer aquel gran momento suyo de 2012, en que explicó su idea para financiar una Cataluña independiente en rueda de prensa que aireó sus insuficiencias expresivas. Y su relativismo con los datos: dijo que en las elecciones de 2012, Cataluña aprobó la decisión de convocar un referéndum para decidir su futuro como pueblo «y esa decisión recibió el apoyo del 70% del censo electoral». Lo de explicar los sentimientos con números es complicado y ella es de letras (catalanas). En las autonómicas de 2012 votó el 69,56% del censo y votaron a partidos independentistas el 64,45% de los votantes, es decir: casi el 45% del censo.

Así las cosas, los portavoces Rajoy, Rubalcaba y Díez lo tenían fácil para lucirse ante los tres párvulos. Los tres coincidieron en la idea básica que los soberanistas no son capaces de asumir, al parecer: que la esencia de la democracia no son las urnas, sino la Ley. Rajoy estuvo pedagógico y claro. Rubalcaba dejó caer algún viaje al Gobierno, aunque al centrarse en la propuesta recordó aquella gran actuación suya en febrero de 2006, cuando el plan Ibarretxe. Rosa Díez tuvo una de sus mejores intervenciones, centrada en la propuesta, en los planes secesionistas, en la corrupción, en el victimismo, en su principal impulsor, su Moisés y en los problemas de verdad de los catalanes. Qué añoranza de Ibarretxe y qué ausente Mas.
Pero así son las cosas. Menos es Mas, dijo Mies (van der Rohe). E inventó el minimalismo.

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El mal del periodismo

Pilar Urbano fue entrevistada en ETB, vía telefónica, por Klaudio Landa, a quien contó que aquí no se desclasifica ni el papel higiénico, y puso, entre otros ejemplos, lo del monte Oiz. Tras citarla para una entrevista en estudio el día 10, el presentador, excitado, dijo: «Yo no sé si entre los próximos proyectos de Pilar Urbano están los secretos sobre el accidente del monte Oiz. Se lo voy a preguntar».

Se refiere al accidente sufrido por un avión de Iberia el 19 de febrero de 1985. Para que pueda relajarse Landa: Pilar Urbano ya lo ha contado en su libro Yo entré en el CESID. Lo recordaba ayer una nota de la agencia Vasco Press. El avión fue derribado por un misil de ETA, pero el Gobierno no lo reconoció para no hacer fracasar «el Pacto de Ajuria Enea que acababa de firmarse». El citado pacto no se firmó hasta el 12 de enero de 1988, casi tres años después del accidente.

Soy un viejo aficionado a la literatura de Pilar Urbano, a la asombrosa desenvoltura con la que aplica al periodismo técnicas de novela: el novelista puede estar omnipresente en el relato y contar qué hacía o pensaba un personaje en la intimidad de su cuarto de baño. El periodista no, si no tiene una fuente o un agujerito en la pared. A Pilar le bastan su imaginación y el uso de sus trucos: la descripción minuciosa de los decorados, en plan yo estuve allí, el uso espurio del entrecomillado, que en periodismo es textualidad y en novela sólo diálogo. Me aficioné cuando leí que nuestra narradora fue varios días a entrevistarse con Tejero al castillo de La Palma, en Mugardos, donde estuvo encerrado entre 1981 y 1983, hasta el consejo de guerra de Campamento. Pilar, la gran Pilar entraba a la celda del golpista y, antes que nada, le hacía la cama para predisponerle el ánimo a la confidencia. El resultado fue: Con la venia: Yo indagué el 23-F.

Y luego están los entrecomillados, ya digo. La probabilidad de que un tío de Cebreros suelte al Rey: «Nos la has metido doblada» y de que el Rey le diga a él: «¿Me estás amenazando, so cabrón?» es forzar demasiado la llaneza del monarca, a quien sus amigos de siempre, Carvajal y Gómez Acebo se dirigen en otro tono en el mismo relato: «Me permito recordar a Su Majestad…». Por otra parte, el mismo Borbón habla por pluma de Urbano como un Austria en las películas de Juan de Orduña: «Tú estás aquí porque te ha puesto ahí el pueblo… Yo estoy aquí porque me ha puesto la Historia».

Urbano escribe sobre el 23-F como el guionista de Évole, y sobre ETA como aquel tipo, Alvaro Baeza L. que nos explicó el terrorismo en una colección de libros amarillos, gran acierto cromático. Pero es igual. A quien le convenga su historia no se va a arredrar por los detalles. La tentación literaria es el mal del periodismo y la paranoica, el de los españoles. Y las españolas, claro.

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Ir al médico

El juez Ismael Moreno ha hecho un alto en la justicia universal para aplicarla en un terreno más local: Mondragón y alrededores, plaza en la que actuaba el comando integrado por Bolinaga y sus pares en los años 80 y 90, según el auto conocido ayer. No salían de Mondragón ni para ir al médico, frase que viene al pelo en el caso que nos ocupa, como verán si siguen leyendo.

El juez Moreno considera que Bolinaga participó en 1986 en el asesinato del cabo de la Guardia Civil Antonio Ramos, disparando contra él, por lo cual decreta prisión provisional incondicional que cumplirá en su domicilio, del que sólo podrá salir, con vigilancia, para el tratamiento de su enfermedad. Éste era uno de esos casos sin esclarecer que llevaban camino de la prescripción, mientras el asesino alternaba en Mondragón, gracias al ojo clínico de los médicos del Hospital Donostia, que le pronosticaron estado terminal. Ayer, Bolinaga tuvo que comparecer gracias al informe de la Fundación de Víctimas, mandatada por las asociaciones, y a la Guardia Civil, que se puso a trabajar en el asunto.

En la segunda temporada de Los Soprano, el tío Junior es excarcelado por razones médicas y puesto bajo arresto domiciliario por un juez. Sólo puede salir de casa para ir al médico, –«Caramba», dirían Les Luthiers, «qué coinsidensia». En la consulta, Corrado Soprano hacía sus negocios, acogiéndose a sagrado frente al FBI, que allí no podía pincharle las llamadas. Con razón se dice que el médico es el cura de los laicos o de los creyentes distraídos.

Hace falta saber cómo se va a tomar Jonan este asunto, ahora que acaba de laminar, tal como habíamos previsto, al asesor en materia de Víctimas, Txema Urkijo, fundador de Gesto por la Paz. Elkarri, 1 – Gesto, 0. Urkijo se lo buscó, podría uno pensar, al ocultar una carta de un terrorista para una víctima, pero no es ésa la razón de su destitución, según el propio lehendakari. No se entendía con Jonan, eso es todo.

Urkullu tiene un criterio utilitarista. Cuando se le reprochó haber elegido a Jonan Fernández, antiguo concejal de HB en Tolosa, para la Secretaría de Paz y Convivencia, protestó: «¿Acaso preferimos que todos sigan siendo de Herri Batasuna?». Urkullu ha sido maestro y cultiva la indulgencia de pensar que sus escolares progresan adecuadamente.

Y no es de ahora. En 1999, Euskal Herritarrok tuvo el gesto sarcástico de proponer para miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara vasca a su parlamentario Josu Ternera, jefe de ETA antes, durante y después. Urkullu, entonces presidente del BBB, lo entendía: «Es un dato esperanzador que quien en el pasado se ha relacionado con los derechos humanos en negativo pueda participar y aceptar el juego de las mayorías». Espero que Urkullu se acuerde de aquello y no cubra la vacante con Uribetxeberria Bolinaga.

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Trabajo de chinos

Tres comisarios de la Policía Nacional, tan relevantes como los jefes de la Comisaría de Barajas y de la Brigada de Extranjería de Madrid, ocho agentes de la Seguridad del Estado, uno de ellos guardia civil y otros dos policías municipales de Fuenlabrada están bajo la mirada de la Fiscalía porque han podido dar trato de favor a miembros de la red mafiosa de Gao Ping, que ya lleva más de un centenar de imputados. Como se sabe, el juez Fernando Andreu ha solicitado ser apartado de la causa por amistad con uno de los comisarios investigados. El asunto pasará a manos de Ismael Moreno, que tendrá que olvidarse de extraditar a los ex mandatarios chinos y conformarse con los amigos de Gao Ping.
Si comparamos a nuestros delincuentes con los estándares internacionales siempre quedamos en evidencia. ¿Recuerdan a Ronald Biggs, el asaltante del tren correo de Glasgow? Pues lo más aproximado que hemos dado en la crónica negra ha sido el crimen del Expreso de Andalucía, perpetrado por unos piernas, que tras el golpe, se bajaron del tren en Alcázar de San Juan para volver a Madrid en taxi, hasta la puerta misma de la casa de uno de los delincuentes.
A Biggs podríamos compararlo con El Dioni, pero nuestros delincuentes no tienen igual carisma. El asalto al tren correo fue llamado el robo del siglo, y se cobró un botín de 2,6 millones de libras (unos tres millones de euros), pero fueron necesarios 15 asaltantes para la faena, mientras El Dioni lo hizo a pelo, él sólo, y se llevó 298 millones de nuestras antiguas pesetas (1,791 millones de euros) del furgón. El Dioni también fue un forajido de leyenda y más desde que se hizo operar del estrabismo; ahí están la canción de Joaquín Sabina glosando su hazaña, Con un par; su colaboración televisiva en un programa de Santiago Segura o en La hora de José Mota. El Dioni es el genio de la raza, un cazador solitario, frente a la delincuencia intensiva en mano de obra como el correo de Glasgow o el caso Emperador.
El abogado defensor de El Dioni, un tal Emilio Rodríguez Menéndez, marcó mucho la pauta estética de nuestra delincuencia. Él defendió también a los policías que asesinaron e hicieron desaparecer a El Nani, al asesino de un hincha de la Real Sociedad acuchillado en Madrid y a la Dulce Neus. También estuvo implicado, y fue condenado por ello, por la grabación del vídeo de contenido sexual a Pedro J. Ramírez. Por si todo esto no bastara para configurar un perfil de acabado delincuente, se hizo editor de prensa, con una curiosa publicación orientada a aclarar al personal qué mujeres eran públicas y qué hombres públicos solían ir de putas, sutilezas del lenguaje.
En 1999 fue herido en un tiroteo. El pistolero había sido contratado por su esposa, que le había prometido a cambio del trabajo 50 millones de pesetas, un reloj Cartier y «un polvo». La literatura negra y el cine están llenos de ejemplos de mujeres que contrataban a alguien para deshacerse de sus maridos: El cartero llama dos veces y Perdición. Lana Turner, Jessica Lange y Barbara Stanwyck en el papel de la señora de Rodríguez, pero jamás habrían hecho una promesa tan burdamente explícita: un polvo si matas a mi marido.
Nos pierden la explicitud y los detalles menestrales. La mafia china sobornaba a sus colaboradores del caso Emperador con mordidas como de película de Berlanga o Forqué: entradas para los toros, partidos de fútbol en Madrid, jamones, botellas de vino y, en algunos casos, masajes con final feliz, que a mí siempre me ha sonado a postre sorpresa de los restaurantes chinos.

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