Cosas de la técnica

El Mundo, 22-7-16

Mire, mi admirado Albert Rivera, que no me deja pasar una semana sin someter los vestigios de mi racionalidad a severas duchas escocesas. Acababa uno de ponderar el éxito de su operación Mesa del Congreso, que les había permitido tener dos representantes y elegir una presidenta que mejora con mucho a su antecesor, cuando va su portavoz Villegas y abre el grifo del agua fría a propósito de esos votos fantasma que reforzaron los 169 que el PP y ustedes alcanzaban por sí solos.

Entendámonos. Si el PP ha negociado con los nacionalistas su abstención en la elección de la presidenta y su voto positivo para las vicepresidencias y secretarías es para mosquearse. Creo que el manejo de los tiempos de Rajoy ha sido un problema para el secesionismo catalán. No porque éste no haya sido derrotado, sino porque el resto de los españoles ha renunciado a defender su parte alícuota (su «cuota parte» que decía Felipe) de soberanía nacional. Así pues, estoy de acuerdo con usted en que a quien quiere romper España, ni agua.

Puede que el precio haya sido un grupo parlamentario y los tres millones que acarrea, así como la tarea ya realizada por la Fiscalía de retirar el cargo de malversación que podría llevar a esa pareja surrealista, Mas y Homs, a la cárcel. Uno comprende que hacer a Quico jefe de grupo tiene que ser un subidón para los hermanos Hernando o Iglesias, glorias del parlamentarismo por comparación.

Advierte su portavoz Villegas de que van a pasar de la abstención «técnica» que tenían pensada para la investidura al no, y uno se pregunta a la manera de Pujol qué coño es eso de «técnica». Por otra parte, deberían observar ustedes un cierto equilibrio en la respuesta. No procede que a un pacto, desgraciado a mi modo de ver del PP con nacionalistas para la constitución del Congreso, respondan ustedes con un no a la investidura. Sería más propio que la respuesta se ciñera a la Mesa del Congreso surgida del pacto nefando. Un suponer, renunciando a los puestos que han alcanzado en la citada mesa su vicepresidente Prendes y su secretaria Reyes.

Le digo esto con la confianza que me permite haber criticado hace seis meses el pacto de su socio con los mismos convergentes al cederles dos senadores para que pudieran formar grupo, sin que ustedes dijeran ni mú entonces, ni su Villegas amenazara con trocar el sí de la investidura de Sánchez por un no. Aunque prestar senadores es más comprometido, como prestar una novia.

Hagamos un poco de prospectiva. Si su decisión de no votar a Rajoy es firme, y todo indica que lo es, (sería estúpida tanta insistencia en una profecía autofallida), el candidato del PP puede aceptar el encargo con 137 escaños (si el Rey se lo hace) o repetir la jugada de hace seis meses y no afrontar el lance. Tras dos intentonas derrotadas por el no del PSOE y Posemos, Sánchez podría levantar el dedo mientras baja púdicamente la mirada para decir que, ante el fracaso del PP, él se ofrece como postulante. Los nacionalistas se han declarado dispuestos a votar al revés que en lo de la Mesa y apoyar al párvulo Pedro, que saldría elegido presidente de un Frente Popular (Part Two), con su abstención. Técnica, naturalmente.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.