Hoy, San Federico

El Mundo, 18-7-16

Hoy, festividad de San Federico, se cumplen 80 años de la sublevación militar que dio origen a la guerra civil española. La semana pasada tuve ocasión de participar en unas jornadas sobre la Transición que se celebraron en Valladolid. Hubo otros tiempos y otra izquierda, que era preciso reivindicar.

No habían pasado aún 20 años de la insurrección franquista cuando el PCE aprobó el Manifiesto por la Reconciliación Nacional, un fantasma recorre España: «Un estado de espíritu favorable a la reconciliación nacional de los españoles, va ganando a las fuerzas político-sociales que lucharon en campos adversos durante la guerra civil».

Hoy hay bastantes más antifranquistas en España de los que hubo hasta noviembre del 75 y los dirigentes de la tercera fuerza política española sostienen que la Transición fue una trampa para impedir a los españoles el acceso a las libertades, «el candado del 78», dice Pablo Iglesias con metáfora tontísima.

Hace falta saber con qué lo comparamos. España no ha sido un país muy afortunado en el disfrute de la democracia parlamentaria, salvo justamente los 38 años a los que dio paso la Constitución, la gran obra de un proceso constituyente bastante admirable, habida cuenta de nuestros antecedentes. A lo largo del siglo XIX tuvimos cerca de 200 pronunciamientos y golpes militares, tres guerras carlistas y otras coloniales, y sufrimos en el XX dos dictaduras que marcaron las tres cuartas partes de la centuria. La Transición y su obra magna, la Constitución, marcaron el fin de las dos Españas.

Un solo mes de la Transición, octubre de 1977, supuso lo siguiente: El día 14 se aprobó en el Congreso la Ley de Amnistía. El 27 se produjo un acto que escenificó la reconciliación: Fraga presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI con una intervención amable, incluso afectuosa. Él perdonó al dirigente comunista lo de Paracuellos, y éste a él su firma en el enterado de la pena de muerte a Julián Grimau que aprobó el Consejo de Ministros del 19 de abril de 1963.

Aquel mismo 27 de octubre el Congreso tomó en consideración los Pactos de La Moncloa firmados la antevíspera por el Gobierno, la oposición parlamentaria, y organizaciones empresariales y sindicales. Hoy, aquel acuerdo tan necesario para una economía que había sufrido una inflación del 26,5% el año anterior, sería descalificado por sus recortes, aunque también se aprobaron los derechos de reunión, de asociación política y la libertad de expresión, tipificando los delitos por la violación de estos derechos; se creó el delito de tortura; se reconoció la asistencia letrada a los detenidos; se despenalizó el adulterio, se derogó la estructura del Movimiento Nacional, y se aprobaron medidas restrictivas de la jurisdicción penal militar.

No hay tres sin cuatro. El mismo día 25 en que se firmaron los citados pactos, se aprobó el Real Decreto que puso fin a la obligatoriedad para las emisoras españolas de conectar con el parte, el informativo diario de Radio Nacional de España. Hoy, los herederos políticos de aquellos comunistas que tanto hicieron por acabar con los rastros del enfrentamiento, rechazan la Transición y sus efectos y se apoyan en una juez peronista en su petición de derogar la Ley de Amnistía.

Pienso en mi amigo Teo Uriarte Romero, dos penas de muerte (conmutadas) y 60 años de reclusión en el Proceso de Burgos. Aquella amnistía me ha permitido gozar de su amistad, mientras el antifranquismo sobrevenido se remonta 80 años atrás para ver si ahora puede ganar aquella guerra con efecto retroactivo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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