Una ciaboga aparatosa

El Mundo, 12-8-16

Arrepentidos los quiere el Señor, mi admirado Albert Rivera; no sabe cómo celebro su cambio de posición respecto a la investidura. Ha empezado a hacer lo que estaba en su mano, usar una llave que sólo tiene alguna eficacia en el caso de votar sí; su abstención era irrelevante. El sí, en cambio, le saca del atolladero y le permite obtener más partido de sus 32 de lo que puede hacer pensar su cuantía.

Pero tampoco me parece que sus seis condiciones sean los misterios gozosos del rosario. O sea, que aplaudo su esfuerzo, y comprendo que su ciaboga haya tenido que ser aparatosa, pero deberá comprender que no me fascine. No se me alcanza, mi querido Albert, qué relación puede haber entre la reforma de la ley electoral y la lucha contra la corrupción. Uno entendió que la noche del 26-J se mostrara usted mohíno, al dar cuenta de unos resultados tan poco satisfactorios. Es evidente que nuestro sistema electoral obliga a partidos como el suyo a sacar más votos para cada escaño que a los dos grandes o a los nacionalistas. Pero la ley electoral era la misma cuando sacaron ustedes 400.000 votos y ocho escaños más hace ocho meses; luego no debe ser ésa la causa de la pérdida.

Le confieso que yo también soy partidario del cambio, aunque lo preferiría a la francesa: mayoritario y a doble vuelta, con el fin de que los ciudadanos (en general, no los afiliados a C’s) interpreten por sí mismos el sentido de su voto en la segunda vuelta. Tratar de inocular más proporcionalidad al sistema sería aumentar la inestabilidad que ahora mismo padecemos. Eso sin contar con que propone usted algo abiertamente contradictorio: listas abiertas y más proporcionalidad. O lo uno o lo otro, mi joven amigo. Nosotros ya tenemos listas abiertas para el Senado, o sea, mayoritarias. En las dos últimas legislativas le dieron al PP mayoría absoluta (124 y 130 senadores). Su partido no mojó en ninguna de las dos: cero escaños.

Exige la primera de sus condiciones: «Separación inmediata de cualquier cargo público imputado (investigado) por corrupción». En el programa PSOE-C’s era menos exigente: «Proceder al cese de altos cargos a los que se les abra juicio oral por algún delito doloso», exactamente lo mismo que prescribe el programa electoral del PP bajo el epígrafe Regenerar la política, combatir la corrupción (página 134, medidas 2 y 3). Quizá a usted le parece que el PP es menos fiable que el PSOE al que apoyan en Andalucía, pero ésa es una impresión precipitada. La última vez que la Fiscalía General publicó las estadísticas fue en 2009, en tiempos del Cándido Conde de Pompidou, le salían 264 causas de corrupción al PSOE y 200 al PP.

La creación de una comisión en el Congreso sobre el caso Bárcenas es otra ocurrencia. Debería comprender, mi joven amigo, que la investigación parlamentaria de un asunto que va a ser juzgado por jueces profesionales este mismo otoño, sería un contradiós, un juicio paralelo, una agresión del Poder Legislativo al Judicial, cuya independencia, tan magreada desde la Ley del Poder Judicial (enero de 1985) es necesario rescatar, y más después de la incumplida promesa electoral del PP en 2011.

Supongo que la Ejecutiva popular dará el visto bueno a su proclama, mientras la espera sirve para macerar a Sánchez. Salvo que el presidente del PP no se sienta capaz de tomar una decisión sin oír la opinión de Maroto, que todo podría ser. Tengo escrito muy recientemente que el adanismo tiende a descubrir mediterráneos y a deconstruir la sopa de ajo, lo cual es razonable en un partido de origen catalán, pero me atrevería a pedirle que se venga arriba y se pida la vicepresidencia del Gobierno, que supere esa condición de actor secundario que apoya desde fuera al protagonista, como en Andalucía, Madrid y La Rioja.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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