El sistema, la nación, el partido

En la crisis del PSOE, Sánchez ha quemado sus naves y se ve obligado a presentarse en el Comité Federal del día 30 con un acuerdo cerrado de investidura. Y los barones dirán amén, so pena de repetir unos comicios en los que serían superados por Podemos. Se lo advertía ayer la prensa amiga.

Pedro no tenía uso de razón cuando aprobamos la Constitución, ni parece que la haya adquirido después. Sólo un zote en cuestiones políticas correría detrás de Puigdemont a hacerle ofertas, en lugar de esperar a ver qué pide. Él busca los seis votos del PNV, pero los vascos son jugadores de mus y Pedro es más de brisca. Ortuzar le ha dicho que no le apoyará si cuenta con los votos de Podemos y Ciudadanos, obvio y absurdo. Si el PSOE consiguiera los apoyos de los dos emergentes, (con o sin IU) tendría una mayoría de 199-201 escaños. ¿Para qué había de necesitar los seis de Ortuzar? En cambio, si sólo se hiciera con los 69 de Iglesias, Colau, Oltra, y Mareas, necesitaría al PNV para alcanzar una mayoría suficiente. Sería entonces cuando Ortuzar le diría cuánto apoyo y a qué precio.

Los pactos le tiran de la sisa. Al PNV le ha cedido una secretaría en la Mesa del Senado, de la que queda fuera Podemos, a quien ha negado los dos grupos en la Cámara Alta y los cuatro en el Congreso a que aspiraba. Los grupos que ha facilitado en el Senado a la CdC y Esquerra, buscando su abstención, le complican los 42 votos de Podemos y más aún los 27 de sus allegados, que se sentirían algo gilipollas, viendo los esfuerzos de Sánchez para camelar a los secesionistas catalanes y al PNV. «Me pregunto si Pedro Sánchez se ve como presidente del Gobierno», decía el sábado la mestressa de Compromís, con escepticismo justificado.

Sánchez cree en el diálogo, pero lo descarta con el partido más votado. Odia a la derecha, pero corre detrás de Puigdemont, el nieto del pastelero de Amer que se pasó a los invasores y terminó la guerra en la zona franquista como encargado de la intendencia en el Penal de Burgos, lo contaba ayer Leyre Iglesias en excelente reportaje. Se comprende la afinidad. El presidente catalán se tuneó el currículo con una licenciatura (en Filología) inexistente. Estudios de Filología ha corregido. Hay afinidades. Como la ingeniería y la licenciatura en Economía de Roldán, la doble carrera de Valenciano, los estudios de ingeniería de Patxi López. Esto no quiere decir nada. Sánchez es licenciado en Economía de verdad y ya ven.

No hay una sola acusación de Sánchez al PP que no pudiera formular en modo autocrítico. La corrupción popular, evidente, sólo es superada por el caso de los Eres, en el que están imputados los dos últimos presidentes del partido. Bueno y por la familia Pujol y CdC. Sánchez busca la decencia que le niega a Rajoy en un pacto con los restos del naufragio convergente y ERC, y con un partido que empezó a corromperse antes de pisar una institución, financiándose con el chavismo y la dictadura iraní, que les hacía llegar la pasta a través de la opacidad que ellos toman por transparencia: Teherán, Beirut, Kuala Lumpur, Tayikistán, Belice, Nicosia, Hong Kong, Moscú, Dubai y Londres. Un dinero más trotado que el niño de la Bescansa.

Pedro Sánchez abriga el, no diré razonable, sí comprensible propósito, de convertirse en presidente del Gobierno. Para ello busca dos clases de apoyos: los que quieren romper el sistema y los que se conforman con romper la nación. Él aún no sabe –puede preguntarle a Mas, que es un experto– que en estos casos, lo primero que se rompe siempre es el partido.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.